Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Ramallets

HOLANDA ya se ve. Quién lo habría dicho en la indigestión de los suizos. Menudo reality nos hemos perdido en esos despachos televisivos y publicitarios cuando en principio Sudáfrica olía mal. A estas alturas no se pueden cuestionar las primas a los jugadores porque muchos primos están haciendo su agosto. No estamos hablando de un balón, sino del subidón de autoestima de un país. Está siendo el Mundial de España y, por tanto, también el de sus satélites catódicos, con Paco González acertando involuntariamente en el córner de la victoria, con Sara crecidita (tiene derecho) e incluso con J.J. cayéndonos más simpático en nuestra borrachera. Feliz Navidad a todos. Cosas de los goles. Cuatro, pese a que muchos de sus vídeos sincopados son repeticiones de sí mismos, sigue haciendo una información más atinada (con algunas crónicas se aprende fútbol) y efusiva del acontecimiento.

España llega a la final y así queda vengado el honor de Naranjito, cuando sólo nos queda exprimir la Naranja Mecánica. Viva Citronio y Clementina. Puyol ha vengado las pantorrillas de Cardeñosa (en Espejo público gafando vía Terra con las camisetas de Alemania y Holanda), a las narices de Luis Enrique y a las manoplas de Zubizarreta. Va por Morientes y sus goles anulados. Por Señor y Butragueño. Por Míchel y por Kiko. Por Amancio y por Di Stéfano, que nunca jugó un partido en un mundial. Por Zarra, Puchades y Matías Prats. Por Lángara, Zamora, Ciriaco y Quincoces. Y por Ramallets, al que entrevistaban en la Ser minutos antes de nuestra revancha con el pasado. Cosas tan grandiosamente simples como el fútbol hacen despertar nuestros instintos de tribu y convertimos en dios a un pulpo (las tapas gallegas me darán a partir de ahora otro respeto), para que protagonice los telediarios. El Mundial sin la televisión sería sólo un titular en un periódico.

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