Tribuna Económica

Rogelio / velasco

Rankings universitarios

EXISTE una elevada aversión en nuestro país a elaborar rankings. Pero hay asuntos fundamentales para la sociedad, en los que los rankings nos lo hacen desde fuera. Ayer se publicó el informe Pisa 2012, en el que parece se ha producido una leve mejora respecto del anterior, aunque estemos todavía por debajo de la media de la OCDE y también del que nos correspondería por la renta por habitante.

También ayer se publicó el ranking que anualmente elabora el Financial Times sobre las escuelas de negocio en toda Europa. En este caso, las noticias no pueden ser mejores. Entre las diez mejores escuelas de negocio tres son españolas. En el número 1 aparece el IE Business School (por segundo año consecutivo), en el 5, Esade y en el 6, IESE. Espectacular.

Resulta de todo punto paradójico que no haya ninguna universidad española entre las 200 mejores del mundo y que, sin embargo, esas tres escuelas de negocio consigan un reconocimiento tan elevado ¿A qué se debe, cuáles son las causas? En el corto espacio del que dispongo, resulta imposible ser profundo y prolijo acerca de las causas, pero comentemos algunas.

Por arriba, la gobernanza de las universidades públicas debería ser modificada en profundidad. Una universidad no es un parlamento en donde se discutan asuntos que votan los representantes de los distintos estamentos. Por el contrario, es una institución que presta un servicio público de docencia y de investigación. Su estructura y forma de gobierno debería estar adaptada a la consecución de esos objetivos. Si se me permite y entiende, hay demasiada democracia y demasiados grupos de interés que persiguen sus objetivos, pero no los objetivos públicos.

Cuando salimos de la dictadura franquista, muchos cosas tenían sentido, pero han pasado treinta años y hoy ya no la tienen. En una escuela de negocio, no se sigue el procedimiento administrativo. La gestión está profesionalizada (un rector no sabe ni tiene por qué saber gestión; eso es función de otra persona), las decisiones se toman en el acto y los problemas se resuelven inmediatamente. Si la institución no se orienta adecuadamente a la investigación y a la enseñanza, desaparece porque no tiene el soporte de unos presupuestos públicos.

Y por abajo, porque los profesores tienen un sistema de incentivos personales limitados en el tiempo y orientados a la investigación, pero no a la enseñanza. Una vez que se ha obtenido una plaza de profesor numerario, los incentivos para continuar investigando son muy limitados. Y son prácticamente nulos los relacionados con la docencia, a lo largo de toda la carrera académica.

En el ámbito de las escuelas de negocio privadas, las plazas para toda la vida no existen, aunque lógicamente se espera y exige más al profesor con 30 años que al que tiene 60. Globalmente, estas estructuras ofrecen una respuesta más rápida y flexible a las condiciones cambiantes del mercado, adaptándose mejor a la demanda.

En la universidad pública hay profesores extraordinarios. Pero la estructura de gobierno, desde arriba, y los incentivos personales, desde abajo, representan grandes obstáculos para que puedan ofrecer lo mejor de sí mismos, para la producción de conocimiento y para la formación de los alumnos.

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