La ventana

Luis Carlos Peris

Reconocimiento a treinta y tres Madrugadas

GUARDA una pena muy negra en su almario de macareno irredento y es la de no haber tenido constancia la última vez de que ésa era la última, de que ya nunca jamás patronearía el paso del Sentencia por Ancha la Feria ni por Parras, tampoco en esa especie de gymkhana que le organizó Juan Ruiz por los Callejones. Cuando arrió el monumental paso en el mediodía del Viernes Santo de 2010, Miguel Loreto estaba ajeno a que no habría más levantás ni podría ordenar a su gente de abajo que entrasen de costero a costero en Campana. Creyó que la última vez sería en la Madrugada siguiente, la de este año de 2011, pero los hados le jugaron en contra, las nubes se juntaron y el Señor se quedó en casa. Miguel lloró aquella noche por la frustración de que ya no hubiese última vez y también lloró este sábado, pero de alegría, por el cariño mostrado por los costaleros que mandó durante treinta y tres Madrugadas.

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