Fernando Díaz del Olmo

Catedrático de Geografía y Correspondiente de la RAC

Reconstruyamos las prioridades

El moderno burgués europeo, urbanita de ciudades globalizadas, es como el gato de Zola

En El paraíso de los gatos (1864) de Émile Zola, el gato de angora protagonista se quejaba de la vida burguesa y aburrida que llevaba entre confortables almohadones, en el calor del hogar. Mas, tan pronto como su petulancia le llevó a los tejados y probó los rigores de las calles, antes añoró su ego sus brasas, su habitación y su ración de carne. No me cabe duda de que el moderno burgués europeo, urbanita de ciudades globalizadas, es un trasunto del gato de Zola. Adora la comodidad, la seguridad y el riesgo cero, reniega de su capacidad de adaptación y vincula su paraíso natural a la práctica de actividades de ocio: vacaciones, sol y gastronomía. No hay conciencia de una naturaleza impredecible, tampoco de las consecuencia de la continua modificación de los ecosistemas, ni de la importación de patógenos (el "imperialismo ecológico" de A.W. Crosby, 1986). De ahí la perplejidad de estar viviendo una pandemia de coronavirus en nuestro modelo social-urbano, tan de espaldas al funcionamiento de la naturaleza. La cosa viene de lejos. Ya lo anticipaba Isak Dinesen, en 1937 (Out of Africa): "Resulta extraño cuando vuelves [desde Kenia] a Europa a encontrarte con tus amigos de las ciudades que viven sin tener en cuenta los cambios de la luna".

Las pandemias tienen factores geográficos y medioambientales muy relevantes. Por lo que vamos sabiendo, uno de ellos lo constituye la infame convivencia de animales vivos salvajes y domésticos juntos en los mercados, lo mismo en China que en otros países del SE asiático y África central. Este hecho, nos pone de relieve la alarmante pérdida de valores éticos del productivismo burgués posmoderno para con la vida natural. Por si ello fuera poco, los vectores de propagación de patógenos avanzan a través del hacinamiento de las poblaciones en las ciudades contaminadas y sin árboles, de los pasillos que dejan la deforestación, las pérdidas de selvas y suelos, la extinción imparable de especies en los biomas naturales, la práctica ausencia de wilderness (o sea, Reservas y Parques Nacionales), la configuración de ecosistemas artificiales, el blanqueo de corales… En definitiva, la priorización del productivismo económico frente a las acciones de conservación de la naturaleza (geoecosistemas y especies), no hacen más que añadir incertidumbre a nuestro insostenible y antiético modelo de vida. Las últimas décadas hemos tenido señales internacionales para reorientar nuestro "paraíso de gatos burgueses" y todas ponen el acento en la destrucción de los recursos naturales, de hábitats de distintas especies, en la pérdida de funciones ecológicas y el avance de los patógenos. Reconstruyamos pues nuestras prioridades, pongamos el acento en la naturaleza, revaloricemos la capacidad de adaptación del ser humano y los valores seguros de la ética de la conservación. Extraña civilización urbana la nuestra, que como en La metamorfosis de Kafka, a veces hace necesario transformarse en un bicho alucinante para que todos comprendamos lo anormal de la situación. Qué vigencia tiene ahora aquel comienzo de Ch.Dickens: "Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos…" (Historia de dos ciudades, 1859).

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