Las dos orillas

José Joaquín León

Referéndum por el centro

EL señor alcalde Monteseirín y su primer teniente de alcalde Torrijos, en nombre de la coalición PSOE-IU que gobierna Sevilla, está empeñado porque sí, y porque sí o sí, y además por cojo… en cerrar el centro de Sevilla al tráfico, a menos de un año para las próximas elecciones municipales. Esto ya se sabe, pero lo que no se sabe es por qué ese interés en hacerlo de prisa y corriendo, cuando dentro de pocos meses habrá elecciones y el señor Monteseirín no se presentará a ellas, gracias a su excelente gestión, según dicen en su partido, que buscó al otro. ¿No se podían esperar unos meses para que las urnas dictaminen?

Porque imagínense que el señor Monteseirín y el señor Torrijos se gastan un pastón en esas medidas y después gana las elecciones municipales el PP con Zoido, que está en contra. Se supone que, en tal caso, el señor Zoido se cepillaría todo lo que hicieron al respecto Monteseirín y Torrijos, consciente de que sus votantes (los de Zoido se entiende) lo que quieren es que se cepille cuanto pueda de la magna herencia que nos va a legar el todavía alcalde.

En plena temporada de recortes municipales, ¿por qué no te callas?, ¿por qué no te esperas unos meses, y ya lo haces después, o no? Eso sería la actitud coherente y prudente que se mantendría en cualquier ciudad civilizada. Pero cada ciudad tiene sus personajes. Aquí quieren aprobar el cambio de ordenanzas el 16 de julio, fiesta de la Virgen del Carmen, cuando un montón de sevillanos se van de vacaciones. Y conceden un mes de plazo, o sea hasta la Virgen de los Reyes, para las alegaciones, para que ustedes se las piensen mientras se bañan en Chipiona, Matalascañas o Fuengirola.

Dirán que para eso ganaron las últimas elecciones municipales y gobiernan, aunque Zoido insiste en que no ganaron, sino que quedaron segundos y terceros y pactaron después. Pero, al margen de esas curiosidades, en otras ciudades este tipo de asuntos, que afectan al interés general, merecen el conocimiento expreso de la voluntad popular. O sea, un referéndum. Como el que convocaron en Barcelona para la reforma de la Diagonal, en el que el alcalde, Jordi Hereu, del PSC, salió trasquilado. También hubo un referéndum en Florencia para ver si ponían un tranvía como el de Sevilla, envidia del mundo.

Pues eso es lo que se debería convocar en Sevilla: un referéndum para ver si los sevillanos en general están de acuerdo con eso, o no. Y si están de acuerdo habrá que fastidiarse, por mucho que duela a la hora de aparcar y por muchos comercios que caigan en la refriega. Pero si la mayoría de los sevillanos no están de acuerdo, sino en contra, pues Monteseirín se quedaría con eso al aire, como se quedó el alcalde de Barcelona. Y eso que se ahorraría Sevilla.

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