JUAN Espadas, candidato socialista a la Alcaldía de Sevilla, ofrece a sus principales rivales (Zoido, Torrijos y Pilar González) reunirse ya para consensuar las reglas del juego electoral, en aras a favorecer una disputa sin ventajismos ni encanallamientos. No hace falta tener un máster en Yale de ciencia política para percibir una respuesta de manual a esa buena proposición: la equidad y el fair play dependen del comportamiento del gobierno municipal, cuyo alcalde no se presenta a la reelección pero es conocida la instrumentalización de la institución en favor de los dos partidos coaligados, más aún en el caso de Izquierda Unida con Torrijos a la cabeza.

A Espadas no le basta con hacer una campaña en positivo, campechano y cordial, para acreditar un certificado de juego limpio, si a la vez el equipo de Monteseirín, que tiene la sartén y el mango de los dineros municipales, reedita las repulsivas prácticas de pagar en los distritos por obras no realizadas a personas que participan en la fontanería de los mítines o son interventores del PSOE en las mesas electorales. El informe policial que detalla los chanchullos perpetrados en Sevilla Este antes de los comicios de 2003, similares a los juzgados en el caso Macarena, no es un invento de la oposición, y hubiera provocado ya dimisiones y destituciones en una sociedad menos apegada a la pillería justificada para la captación de votos en los barrios.

Si Lucrecio Fernández es la mano derecha de Espadas para controlar desde dentro del Ayuntamiento que la maquinaria del poder local se coordina bien con su candidatura y no la afea con meteduras de pata, por ejemplo habrá de estar en la pomada del pacto para la igualdad de trato en la televisión municipal y para la celebración de debates, con el fin de que el tema no quede en manos de Maribel Montaño. O en cuidar el sitio que se le da a la oposición en las inauguraciones que están por venir: restauración de la Plaza de España, ampliación del Palacio de Congresos, biblioteca de Torneo, túnel de Bueno Monreal, etcétera.

De todas mis sugerencias para una campaña más edificante, adelanto dos: primera, que todos los candidatos se desplacen en transporte público en su ir y venir por la ciudad. Den ejemplo de utilizar los autobuses de Tussam, conozcan a los sevillanos mientras esperan en las paradas y mientras circulan soportando la lentitud causada por la doble fila. Y segunda: respalden a cualquier ciudadano que, como Juan José Baena, sufre amenazas por favorecer la investigación de posibles irregularidades en la gestión del dinero público y en los métodos utilizados por los partidos (sean cuales sean) para influir en el acontecer hispalense. Transparencia sí, chantajes no.

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