Gafas de cerca

josé Ignacio / Rufino

Renta básica

LA noticia no es de las que dan paz de espíritu: "Casi la mitad de los parados se ha quedado ya sin prestación alguna". Una de las grandes cajas negras del análisis económico es el nacimiento del empleo. ¿El empleo nace o se hace?, como cabría preguntarse con el delincuente, el líder o el artista. Un analista ortodoxo dirá que la labor de un gobernante es limitarse a crear las condiciones para que se genere empleo. El caso es que en la labor de crear el caldo de cultivo donde germine el trabajo, España es de lo peor del club europeo del que somos miembros. Y Andalucía, cola de ratón dentro de lo peor.

La reforma laboral de Rajoy liberalizó en buena medida el despido, y la destrucción de empleo fue masiva y vertiginosa, en un más que predecible efecto inmediato en la madre de todas las "reformas estructurales": la del mercado laboral. Pero la creación de empleo es un efecto "demorado", y un acto de fe, como el machadiano hombre que habla solo porque espera hablar a Dios "un día". De momento, poco y malo: nuestro modelo eonómico es ya low cost. Pudimos escuchar al enésimo conferenciante erre que erre decir esta semana que "la solución no viene por la vía del consumo, sino de la exportación". La exportación barata. Pobretones dentro; baratitos fuera. La bajada drástica de los salarios -pongamos como indicador el salario medio español- en los últimos años no ha servido para crear "suficiente economía" por la vía exterior. Bajar los salarios no ha sido en absoluto solución. Pero como dirán algunos que van a lo suyo de forma miope o fundamentalista, "aceitunita dentro, huesecito fuera. Salarios devaluados y despido casi libre: prueba conseguida". Un país sin músculo y sin bolsillo es un país instalado en la mediocridad, en la que la polarización de rentas y riqueza privadas -que pone tan en el aire diez o doce artículos de nuestra Constitución- tiene su trasunto en nuestra estructura empresarial: muchas empresas pequeñas en el mal sentido, vulnerables y sin gran capacidad de innovar, o sea, de hacer mejor las cosas; y una pocas empresas muy poderosas y trasnacionales, en muchos casos privatizadas, o sea, que pertenecían al Estado español no hace tanto tiempo.

Volviendo a la noticia , que ni siquiera ha ocupado mucho espacio, por fatal resignación quizá: los parados sin ingresos se instalarán en la economía sumergida, "emprenderán" -trompetilla sonora-, o formarán parte de esa legión de reserva inmóvil que mantiene los nuevos salarios por debajo de la dignidad. O, bien mirado, votarán a quien le proponga desde el Gobierno una renta mínima pero vitalicia, aun sin trabajar. Una bella propuesta, pero con la que no podemos.

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