NADIE ayuda a los andalucistas en su enésima travesía del desierto tras el fracaso en las elecciones autonómicas de 2008, paralelo al fracaso en las generales de la misma fecha y encadenado al de las municipales de 2007. Tiene pinta de ser el último y definitivo: se antoja complicado participar en la vida política sin un solo parlamentario ni un solo concejal en las capitales de provincia del ámbito territorial en que uno se mueve.

Al Partido Andalucista no van a echarle una mano ni los poderes económicos que nunca confiaron en él, ni los intelectuales acomodados a la situación establecida ni los medios de comunicación atentos sólo a una actualidad en la que carece de sitio visible. A decir verdad, al Partido Andalucista no lo socorren ni los andalucistas, que en buena medida han sido los responsables de la debacle por su acrisolado cainismo. Ellos se lo han trabajado.

Nadie les ayuda, pues. ¿Nadie? Hay una persona que está dispuesta a hacerlo. Por su interés, desde luego, que en política no hay gestos gratuitos ni individuos desprendidos. Se trata de José Antonio Griñán, presidente de la Junta de Andalucía y líder nominado del socialismo andaluz. Griñán acaba de recibir en su despacho oficial a la secretaria general andalucista, Pilar González. No ha sido únicamente un encuentro protocolario que ya de por sí supone un rescate del ostracismo. También es un guiño netamente político: la ha invitado a participar en el debate sobre las inminentes leyes de desarrollo estatutario (régimen local, tributos autonómicos y educación) a través de foros y mesas de trabajo. Una forma de privilegiar al andalucismo por encima de otros colectivos políticos y sociales igualmente extraparlamentarios.

Este trato privilegiado tiene una explicación que a nadie se le escapa. Aunque nada está escrito, el agotamiento del proyecto socialista y la tendencia general de la opinión pública española -que probablemente cristalice en una importante victoria electoral en las municipales- convierten en más factible un vuelco en las próximas andaluzas a favor del Partido Popular. Para evitarlo el PSOE necesita, por un lado, que no se hunda Izquierda Unida o sólo se hunda para hacer posible la mayoría absoluta socialista, y por otro, que el PP pierda parte de su electorado más templado. En el actual panorama político el único partido que podría frenar desde la retaguardia el avance del PP sería un PA resurrecto. A esta estrategia responde la respiración asistida que Griñán ha empezado a practicarle a los restos del andalucismo.

El nacionalismo andaluz llegó un siglo tarde a su cita con la Historia. Veremos si la voluntad de los irreductibles del PA y el voluntarismo interesado de Griñán consiguen ahora el milagro.

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