EL delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (PND), Francisco Babín, ha abierto un debate al proponer que los padres puedan ser multados en caso de que sus hijos menores acudan reiteradamente a urgencias con una intoxicación o coma etílico. Han sido muchas las voces a favor de esa medida y también en contra, pero de lo que no cabe duda es de que, una vez más, este responsable público ha puesto el dedo en la llaga. Los datos hablan por sí solos, por si aún alguien tiene duda acerca de este problema. En los últimos diez años, según datos del comisionado, las urgencias por casos de intoxicaciones etílicas de menores se han duplicado. Los últimos estudios realizados por la Delegación del PND apuntan que las drogas consumidas por un mayor número de estudiantes de entre 14 y 18 años son, por este orden, el alcohol, el tabaco y el cannabis. El 41% de los españoles entre 11 y 18 años consumen semanalmente alcohol, según el Observatorio de la Infancia de la Junta de Andalucía, que establece una media en el inicio del consumo en los 13,9 años. A medida que aumenta la edad, aumenta el porcentaje de chicos y chicas que toman bebidas alcohólicas semanalmente. A los 11 y 12 años, apenas el 0,2% de las chicas y el 1,3% de los chicos toman alcohol, pero esta cifra aumenta de manera significativa en el consumo semanal de alcohol en menores de edades comprendidas entre 11 y 18 años. Al llegar a los 15 y 16 años de edad, un 20,3% de chicos y un 16,3% de chicas son consumidores, y a partir de los 17 y 18 años el porcentaje experimenta un visible aumento, con un 41,9% de los chicos. Hablamos, pues, de edades en las que los afectados son menores, por lo que se encuentran bajo tutela, de ahí que se entienda que los padres y madres, o tutores, tengan algo que decir. No vale esconder la cabeza ante este problema y soltar ese recurso tan socorrido de que "los jóvenes hacen lo que quieren" o "es que mi hijo me ha salido así". La educación no empieza ni acaba en la escuela y la familia es un pilar fundamental para toda formación académica y moral de la persona. Claro que tienen una responsabilidad los padres en la conducta de sus hijos menores. De otra manera no se entendería que fuesen responsables subsidiarios cuando los menores cometen algún daño en la vía pública, por ejemplo. La dejación de responsabilidades en la educación de un menor que entrañe consecuencias negativas como el consumo excesivo de alcohol de manera reiterada ha de ser sancionada de alguna forma. De no encarar este problema real y constatable de una manera seria y contundente, el propio Estado también haría dejación de su responsabilidad de velar por esos menores.

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