la tribuna

Francisco J. Ferraro

Responsabilidad ante la situación económica

AYER fue un día negro para la economía española. La Bolsa sufrió un nuevo retroceso hasta mínimos anuales y la prima de riesgo superó los 400 puntos básicos (el nivel más alto desde la entrada en el euro en 1999), cerrando la sesión en torno a los 386 puntos, insistiendo en una escalada que, aun con altibajos, tiende al alza desde hace semanas. Este nivel eleva el tipo de interés al 6,44%, lo que complicará la colocación de la deuda pública (ya se ha pagado un sobrecoste cercano a los 800 millones de euros) y encarecerá asimismo los préstamos a los bancos y empresas que puedan acceder a la financiación exterior, lo que, sumado a la incertidumbre económica, limitará las decisiones de inversión y empleo y, en consecuencia, puede impedir que se consolide el débil crecimiento del PIB de la primera parte del año.

¿Cuál es el límite de la prima de riesgo? No existe un límite fijo, y las decisiones de rescate han evolucionado al alza en la zona euro, pero el consenso de los analistas la sitúan ligeramente por encima de los 400 puntos (la cámara de compensación LCH.Clearnet fijó en 450 puntos básicos el "riesgo soberano adicional") y un tipo de interés del 7% del bono a diez años.

Lo singular de la situación es que lo determinante de la subida de la prima de riesgo no son hechos singulares que hayan ocurrido en España en los últimos días, sino que devienen de elementos exógenos. Así, durante las últimas semanas ha pesado en la desconfianza de los inversores el peligro que para el sistema financiero internacional supondría que no se alcanzase un acuerdo sobre la elevación del techo de deuda pública en Estados Unidos. Una vez alcanzado el acuerdo, han sido las modestas perspectivas de crecimiento de este país y su impacto como tractor de la economía mundial lo que está llevando la preocupación a los mercados, a lo que se suma las ligeras rebajas en las previsiones de crecimiento de importantes economías emergentes como India y China o, en un terreno más cercano, las dudas que siguen planeando sobre el área euro a pesar del nuevo plan de rescate de Grecia. Adicionalmente, el menor nivel de transacciones en el mes de agosto en los mercados financiero elevan su volatilidad al magnificar los movimientos especulativos.

Factores por tanto ajenos a la economía española, pero que se apoyan en nuestras debilidades para tomar cuerpo, y éstas no son otras que las dudas sobre la solvencia de un país como España, fuertemente endeudado, con una elevadísima tasa de paro y con perspectivas inciertas de crecimiento en el medio plazo por la debilidad de la demanda interna. A la realidad económica española se suman factores institucionales, como la insuficiencia de las reformas y las incertidumbres de un largo periodo electoral en el ámbito interno y, en el europeo, la insuficiente dotación de los mecanismos de rescate para actuar en España o Italia eventualmente.

En este contexto, además de cruzar los dedos para que las variables relevantes para los mercados financieros no nos castiguen más, pocas cosas podemos hacer a corto plazo, pero cuando menos se puede demandar más responsabilidad nacional a muchas instituciones relevantes, pues no deja de ser sorprendente que el portavoz del Partido Popular salga a los medios de comunicación en una situación tan grave como la de ayer para anunciar el diluvio universal por culpa de Zapatero, que los sindicatos se muestren insatisfechos de que el paro haya disminuido en julio en la mayor cifra conocida desde 1999 y aprovechen para subrayar sus postulados antirreformas, que la patronal esté de vacaciones o que los gobiernos autonómicos sigan presionando para endosarle mayor endeudamiento al Gobierno de la nación y no tengan los arrestos de enfrentarse a los imprescindibles ajustes del gasto público.

Decía que hay poco que hacer en el corto plazo, pero si la situación se agravase en los próximos días sería muy conveniente que los responsables de las instituciones referidas (y otras posibles más) se reuniesen para alcanzar un acuerdo de mínimos (posiblemente medidas de ajuste adicionales y la aceleración de algunas reformas, además de una manifestación colectiva de confianza en la economía española y de lealtad institucional). Un acuerdo de esta naturaleza no le haría daño a nadie y posiblemente contribuiría a mejorar la confianza en la economía española.

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