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Ignacio Gago /

Rubalcaba-Rajoy. Cara a cara

LA televisión conmemorará en España el 21-N su Día Internacional por adelantado, con los previsibles debates Rubalcaba-Rajoy de las elecciones del 20-N. Antena 3 y Telecinco, que se estrenaron en 1996 con los González-Aznar, han solicitado organizar los cara a cara de las próximas generales. De momento, Telecinco no ha desvelado si elegirá a Jorge Javier como moderador en caso de que los cuarteles generales del PSOE y el PP den el visto bueno a los debates. Las negociaciones se prevén más puntillosas que las de la concesión de un préstamo hipotecario.

Nuestro país no guarda una amplia tradición de debates televisados con los candidatos a la presidencia del Gobierno, pero los únicos precedentes de 1996 y 2008 -en Antena 3 y Telecinco, y bajo la batuta de la Academia de TV, respectivamente- son más que halagüeños, tanto en la factura del formato emitido como en las millonarias audiencias. Los únicos fallos recayeron en un guión encorsetado y en el papel, mitad guardia de tráfico mitad jarrón decorativo, que se impuso a los moderadores del espectáculo político-audiovisual.

Si las oficinas de los candidatos dan el visto bueno, los Rubalcaba-Rajoy se fijarían al inicio y al final de la campaña. Las principales incógnitas recaen en las cadenas que lo emitirán, sus moderadores y el formato. Aunque cueste creerlo, RTVE nunca ha organizado un cara a cara así. Y quizá sea ahora el momento de arreglar esta anormalidad, siempre que la tele pública se sacuda en estos meses del progubernamentalismo al que ha caído al final de la legislatura. También cabe la posibilidad de encargarse de la señal institucional y que otros operadores se conecten. Ello implicaría un moderador externo y que se celebrasen en un escenario neutral. Otra opción es pasar olímpicamente de RTVE y dar la responsabilidad a T-5 y A 3, cadenas que lograrían un plus de imagen y audiencia. La tercera vía supondría repetir la experiencia de 2008, con una Academia de Televisión cortijo de un Manolo Campo Vidal que bebe en los aledaños de Ferraz.

Elegir moderadores no debe suponer un quebradero de cabeza porque, a pesar del trincherismo periodístico, todavía sobran profesionales capaces. Más complicado será convencer a los partidos para que ayuden a que el debate sea precisamente eso, un debate, y no un monólogo. Para empezar, visualmente, y que los candidatos no intervengan cómodamente sentados sino de pie, en atriles. Y que, llegado el caso se atrevan a responder a preguntas formuladas por directores de periódicos o de un público. Cualquier iniciativa es válida para alejar el aburrimiento y el acartonamiento de unos cara a cara cuya expectación asegurada supone una verdadera y palpable democracia real.

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