tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Rubalcaba y compañía

LO tiene difícil, muy difícil, pero no imposible. Rubalcaba pide paso cuando el electorado que abandonó a Zapatero en las municipales se pregunta si va a seguir contribuyendo a teñir de azul el mapa de España. A ocho meses de las elecciones, las gaviotas cuentan con el viento a favor, pero ni los más viejos del lugar saben cómo estará la mar en marzo del año próximo.

Si quiere ser ganador, son muchos los retos que debe afrontar el candidato socialista. El primero, desmarcarse prudentemente del perdedor. No eludir la higiene autocrítica antes de trazar un rumbo: amparar la indignación asumible, distanciarse de la derecha económica que abrazó Zapatero, reivindicar la democracia... Rescatar la política. Hacer un programa de ideas y alejarse del mercadeo: garantizar la transparencia, la lucha contra la corrupción, la ética... Hablar al país con la franqueza con la que hablaría a los suyos, pero sin intentar convencer a todos.

Hacer equipo. No basta con ver al candidato. Ésa es una imagen incompleta. Es preciso ver equipo, estampa de Gobierno, y salir del plano negativo de un Ejecutivo amortizado. Huir de las adulaciones de los menesterosos y de los mediocres, de los bonos basura, y acercarse a la gente con el plano de la calle a escala real. Anunciar la necesidad de refundar el viejo partido obrero en el de la nueva sociedad, y perforar la opacidad bajo la que se ocultan los peores vicios de la política. Poner coto a las agrupaciones parásitas, a las lapas cargo-dependientes, a quienes son nadie sin un puesto. Volver a la sociedad que piensa y sueña, a los jóvenes que empujan, y cerrar la barra libre de los años de las grandes mentiras.

Muchas tareas que ni siquiera aseguran el empate… Será difícil acometerlas con un partido malcriado, alejado del debate, abandonado a la política del regate corto. Rubalcaba tiene una personalidad que no deja indiferentes. Para muchos, encarna la recuperación de la esperanza perdida; para los contrarios, es el objetivo a batir. Echadle a los desahogados de moda y a los sabuesos -dicen los amigos de Rajoy-, ¡pero que no se le acerque a Mariano! En una escena tan polarizada, el retorno de los brujos y la trompetería clásica de la derecha ayudarían al candidato socialista.

Rubalcaba, con los de siempre, tiene menos posibilidades que Zapatero. Necesita peso en su entorno, y alejarse de quienes le adelgazan. Cambiar de paisaje es extremadamente difícil, más cuando en su partido, igual que en los rivales, predomina la regional preferente, la expresión pobre de la política, que es a la que castiga duramente la opinión pública en el último barómetro del CIS.

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