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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Ruido de boinas

Nunca hay que menospreciar al sector menos romanizado del PNV. El Gobierno no debería perderlo de vista

Ya saben que los nacionalistas vascos andan deshojando la margarita de un nuevo Estatuto. Hay ruido de boinas en el Parlamento autonómico de Vitoria, el horno donde quieren cocer un texto que sirva para avanzar en la construcción del paraíso vascongado en la tierra. Algunos ecos que nos llegan son entre cómicos e inquietantes. Por ejemplo, pretenden diferenciar entre "nacionalidad" y "ciudadanía", que sería algo así como la consagración estatuaria del viejo sueño de Sabino de la segregación racial entre los vascongados de pura cepa y los maketos de pura chamba. Un mínimo conocimiento de lo que se habla les llevaría a la conclusión de que ambos conceptos son inseparables (casi sinónimos) desde su nacimiento durante el gran ciclo revolucionario del XIX, pero no ha medrado el nacionalismo vasco siendo demasiado escrupuloso con estos asuntos.

El PNV se encuentra dividido por el alcance que debe tener el nuevo Estatuto y asistimos a un nuevo choque entre sus dos almas: la cazurra y la pragmática. La primera, más de caserío y mesnada, quiere aprovechar la oportunidad para constituir una especie de Estado Libre Asociado, como si el País Vasco no llevase ya años funcionando como un principado semiindependiente en la cresta de España. La segunda, educada en las escuelas de comercio e ingeniería, prefiere seguir ordeñando la vaca hispana, siempre que ésta no muja demasiado. Al fondo se observa un intento de recoger las últimas nueces del árbol que movió ETA, cuya carroña ya empieza a oler demasiado y, en breve, sólo será un fantasma (otro más) de la historia del pellejo de toro. Aparte, también está ese sarpullido de celos que le ha salido a la piel euscalduna al ver las coreografías catalanas de los últimos tiempos.

Así las cosas, el Gobierno haría bien en seguir muy de cerca la cuestión vasca. El lehendakari Urkullu, más tecnócrata que romántico, no es hombre de aventuras extravagantes, como bien demostró con la crisis del 1-O, cuando le recomendó al aún president Puigdemont que había llegado el momento de frenar y poner las urnas de verdad, las que llevan las armas de Castilla y Aragón. Pero nunca hay que menospreciar el alma montaraz del sector menos romanizado del PNV, que ya presiona a los tibios para dar un paso más en la "construcción nacional vasca", en firme alianza con los hermanos reencontrados de Bildu. El que creyó que una vez muerto el perro del terrorismo moría también la rabia nacionalista, se equivocó. En breve, habrá novedades.

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