Crónica levantisca

juan Manuel / marqués Perales

Sabino, sálvanos

EL PNV dudó durante varias semanas antes de ponerse al lado de la República, fue el lehendakari José Antonio Aguirre quien dio el paso después de que Madrid desbloquease el Estatuto, cuya aprobación es del 1 de octubre de 1936, ya comenzada la Guerra Civil. Hasta entonces, el PNV había sido un partido conservador, de derechas, ultracatólico y enemigo de los socialistas que habían tenido en la desembocadura del Nervión una de sus mecas fundacionales. Verdes valles, colinas rojas, que resumió Ramiro Pinilla en esa mastodóntica metáfora que es su trilogía situada entre esos dos mundos, el del caserío vasquista y la mina roja. A pesar de que Pedro Sánchez ha recluido al PNV en "las derechas" como un probable aliado del PP, ya gustaría que gobiernos llamados de izquierdas gestionaran todas las materias sociales con el mismo acierto que estos nacionalistas, situados ahora en el amplio espectro del centro a la socialdemocracia.

Durante la primera legislatura de Aznar, Álvarez Cascos sedujo a Arzalluz, y los jetzales, junto a Pujol, se convirtieron en la muleta del PP. Después, Aznar ganó por mayoría absoluta y sus aliados pasaron a ser los amigos de los terroristas, casi otro brazo político de ETA. Los del PSOE eran, según su denominación inculpatoria, los amigos de los amigos de los terroristas y, así sucesivamente, hasta el punto que algunos dirigentes populares tampoco eran bien vistos por la ortodoxia que representaban, entonces, María San Gil y Jaime Mayor Oreja.

Desde entonces, el PP no se entiende con el PNV, pero todo es reversible. Claro que los nacionalistas podrían prestar sus votos a Mariano Rajoy después del 25 de septiembre, pero para ello el presidente del Gobierno en funciones debería querer, y lo dudo, y Urkullu tendría que estar necesitado de ello, pero da la impresión de que ni Podemos ni Bildu son tan fuertes en el País Vasco donde siempre corre una corriente de sensatez por debajo de sus fiestas. Pero si, finalmente, son los herederos de Sabino Arana quienes salvasen la investidura de Rajoy, Ciudadanos sobraría en el rápido retorno de este esquema bipolar donde los dos grandes, para gobernar, se apoyan en unos nacionalistas cuyo país no es España, sino Euskadi o Catalunya. Rajoy se portó mal con sus aliados en el discurso de investidura al rebajarlos, en varias ocasiones, a la altura del Foro Asturias, Partido Aragonés y UPN, la credibilidad de Albert Rivera no daría para tanto.

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