HABLANDO EN EL DESIERTO

Francisco Bejarano

Sacramentos civiles

Es una contradicción más porque los sacramentos no pueden ser civiles, quedan, por su mismo nombre, desacralizados. Empezamos con los matrimonios civiles por una demanda social que no tuvo excesiva oposición y ya vamos por la unión, que no matrimonio, entre personas del mismo sexo. Un gobierno futuro le cambiará el nombre, por lo menos para que no sirva de burla y escarnio para el verdadero matrimonio. En verdad lo que debía hacer es derogar la ley y crear una fórmula legal para que quienes conviven, sean parientes, amigos o amantes, tengan respaldo para situaciones concretas. Con eso bastaría sin necesidad de la pantomima de llamarlo matrimonio, una institución tan antigua como conservadora y tradicional. Los sacramentos son siete (en la Edad Media se intento añadir un octavo: ser armado caballero) y se les dio carácter sagrado para elevarlos de categoría a los ojos de los creyentes y añadirles respeto.

El bautismo civil, segundo despropósito sacramental, no sé en qué consistirá. Zerolo, que está para los trabajos ridículos y cutres de su partido, ha oficiado el primero, pero en realidad ya existía: la inscripción en el registro civil de un recién nacido, ponerle un nombre y añadirle los datos obligados por la ley. Los padres podían después comunicar el nacimiento a familiares y amigos e invitarlos a un convite. No había por qué llamarlo bautismo, pero las ganas de llamar la atención de la izquierda nominal le hace perder pie. Hay otras formas civiles de los sacramentos: la penitencia ha pasado a los psiquiatras, confesores y consejeros; o la inclusión en las leyes penales de lo que antes eran sólo pecados, con la idea de que el castigo espiritual se cumpla en la cárcel. La extremaunción civil existe también con los cuidados paliativos administrados por personal sanitario especializado en quitar el dolor y dar consuelo.

La confirmación no haría falta salvo en dos casos: cambiar de nombre en el registro civil por las circunstancias que sean y, con la mayoría de edad, optar por el bautismo verdadero, previa etapa de catecúmeno. El orden sacerdotal se haría necesario, como lo fue para Robespierre y su diosa Razón: un régimen político que envidia la organización de la Iglesia precisa crear pontífices y sacerdotes. No sabemos todavía cómo se hará, aunque tenemos un buen modelo en el sacerdocio pagano de Roma. Este sacramento es vital para un partido político, si quiere impedir que la clientela se le vaya a sectas religiosas y satánicas o se dediquen al espiritismo y a cosas peores. El problema principal estará en la eucaristía civil sin caer en el escarnio o la parodia. De niños celebrábamos misa y la elevación se hacía con una rodaja muy fina de manzana, pero la ingenuidad de la imaginación infantil no sirve para los mayores. Se resolverá el escollo, estoy seguro: un partido que quiere ser Iglesia tendrá también doctores.

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