RELOJ DE SOL

Joaquín Pérez Azaústre

Salir a ganar

PARECE ser que Manuel Pellegrini, el entrenador del Málaga, salió en Madrid a perder, o a dejarse ganar. Así lo ha dejado entrever en estas declaraciones, en la rueda de prensa posterior al partido: "No vinimos a disputar los puntos, era un partido de trámite (…). Entiendo que sea una decepción en Málaga y en el cuerpo técnico, pero creo que hubiera sido una irresponsabilidad haber jugado con los mejores. Me parece que la decisión que tomé fue la decisión más cuerda". A mí me ha gustado siempre Pellegrini, con esa densidad de hombre tranquilo más proclive a cierta bonhomía reflexiva que al exabrupto mediático: esto es, Mourinho. Mourinho juega demasiado a ser el antihéroe de la historia, y por eso va a acabar asediado por la villanía que él mismo va gestando. Primero insulta y después pide perdón. Confunde la honestidad con la mala baba, y así recula. Me gustan más las formas de Manuel Pellegrini, claro. Pero sólo eso: las formas. Porque a perder no se sale ni a jugar al parchís, por mucho que después vengan otras citas importantes. Yo no sé si Mourinho, que en realidad me cae mal, es un entrenador para el Madrid, pero después de estas declaraciones de Pellegrini, el hombre tranquilo, sí estoy completamente seguro de que el Real Madrid no era su sitio. Seguramente el Málaga tampoco, porque, incluso con suplentes, un equipo tiene que salir a ganar, que es lo que le ha dicho Zapatero a todos los candidatos del PSOE.

Puestos a elegir, me quedo con Mourinho. Sin embargo, qué clima está creando. Si parece un político, más que un entrenador. ¿De qué partido podría ser Mourinho? En una ficción futbolístico-política, Mourinho tiene trazas de Francisco Álvarez-Cascos en sus horas más bravas. No tiene el cinismo de Zaplana, y sus juegos verbales parecen más honrados, más directos, menos sinuosos y torcidos. Pellegrini, en cambio, tiene la templanza, calma chicha, que tanto se adjudica a Zapatero. Sin embargo, Zapatero nos ha dejado claro que hay que salir a ganar, porque las encuestas no son el marcador real.

Los partidos políticos se juegan mucho a partir de hoy. Pero, por favor, que no sigan la senda de Mourinho. Que salgan a ganar como hace él, pero sin ese mismo ruido tamboril. Lo mejor de Rajoy es que sintetiza una mezcla de los dos: él vive de no hacer, como Pellegrini, con el mismo discurso mantecoso disfrazado de brío artificial, pero sale al césped igual, a no jugar, a no ganar; pero, como Mourinho, puede acabar ganando. Que digan, que propongan -aunque no digan nada, ni propongan- sin ese gran desgaste emocional de la crispación continua. Por mucho que algunos piensen que el martillo verbal da réditos políticos, sólo contribuye a que después, en el periódico, nos vayamos directamente a los Deportes.

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