Las dos orillas

josé Joaquín / león

Salvemos al PSOE

COMO si Pedro Sánchez fuera víctima de un maleficio, o le aplicaran la Ley de Murphy todos los días: cuando le puede pasar algo malo, le ocurre algo peor. En ciertos ambientes a esto se le llama gafe. Tenemos el último ejemplo en Cataluña. Cuando ya se preparaban para unas elecciones, tras el fracaso de las negociaciones con la CUP, resulta que Artur Mas renuncia y aparece el tapado, Carles Puigdemont, declarando la pre independencia, con un pacto atado y bien atado para hacerla efectiva en 18 meses.

Lo primero que llama la atención es la dualidad de los partidos de Mas y Oriol Junqueras, que quieren declarar la independencia y, al mismo tiempo, ejercer su derecho a decidir el gobierno del país llamado España (del que aspiran a independizarse), mientras ejecutan la secesión.

Lo segundo que llama la atención es que en el país llamado España hay un partido que ha obtenido sus peores resultados de los últimos 40 años, que no ha ganado en ninguna de las 10 principales ciudades (sólo fue segundo en Sevilla y Málaga; y quedó cuarto en Madrid y Barcelona), cuyo máximo dirigente, en vez de dimitir la misma noche de las elecciones, aspira a formar un Gobierno que no sería posible sin el apoyo de los que se están independizando.

La ambición puede ser ilimitada en la política, al punto de poner uno mismo la soga en el cuello de su partido y apretarla con entusiasmo. Eso es lo que está haciendo Pedro Sánchez, con sus pretensiones disparatadas. Lo peor que le puede ocurrir al PSOE es un Gobierno de Sánchez, apoyado por Podemos, con el beneplácito de los partidos de Mas y Junqueras. Es su única opción, porque Albert Rivera ya dijo que Ciudadanos no entrará en un tripartito surrealista con Podemos para satisfacer a Sánchez.

Por el contrario, para el PP, que gobierne ese contubernio es lo mejor que le puede ocurrir a medio plazo, porque duraría pocos telediarios y ganarían las siguientes elecciones con mayoría absoluta. Incluso podrían golear, si prescinden de Rajoy como cabeza de cartel. Pero no es lo mejor para España, que está en una encrucijada difícil, en la que va perdiendo el encuentro con Cataluña. Los independentistas ya han acordado una salida, mientras en el Gobierno del Estado no la hay.

Por supuesto que deben negociar. Pero no se puede hacer con un Gobierno débil, ni con un PSOE que avanza hacia el suicidio. El escenario político era malo, y desde el sábado es mucho peor.

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