Sánchez debe levantar su veto a los populares

NO suele ser una práctica muy habitual el que los partidos políticos desvelen sus posibles alianzas poselectorales en el caso de que ninguno de los candidatos consiga una victoria contundente. Por lo general, las formaciones, especialmente las que aspiran a la victoria, suelen esconder esta posibilidad con el temor a que les reste votos o de que transmita a sus electorados una cierta debilidad. Sin embargo, como ya hemos apuntado en otras ocasiones, las próximas elecciones del 26 de junio no son unos comicios normales y llegan después del fracaso del Parlamento de dotar a la nación de un presidente del Gobierno en unos momentos sumamente complicados. Por tanto, los partidos tendrán que hacer una campaña en la que prime desde el primer momento la transparencia, especialmente en lo que se refiere a los más que previsibles pactos que habrá que construir a partir de la noche electoral. Los ciudadanos, más que nunca, tienen el derecho a saber qué se hará con su voto.

En este sentido, deberíamos considerar como plausible el empeño del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, de dejar meridianamente claro que no pactará con el PP tras el 26-J. El socialista no engaña a sus electores y les recuerda que sus votos no se usarán para forjar eso que se ha llamado la Gran Coalición, una especie de gobierno de salvación nacional que estaría formado por PP, PSOE y Ciudadanos. Sin embargo, consideramos que esta decisión es una equivocación de fondo por parte del líder socialista, porque, al igual que ha pasado en la malograda XI legislatura, le empujará a buscar apoyos en partidos radicales e independentistas que aspiran claramente a la ruptura de un sistema que, si bien necesita una reforma, sigue siendo útil en líneas generales para el buen gobierno de la democracia española. Tampoco comprendemos que la líder de los socialistas andaluces y presidenta de la Junta, Susana Díaz, se haya sumado a ese veto contundente argumentando que el PP "ha hecho mucho daño a este país". Es una opinión respetable, pero mucho más daño se hará a España si volvemos a un escenario de parálisis parlamentaria o, peor aún, si facilitamos el ascenso al poder de grupos que estimamos tienen una dudosa calidad democrática.

Haría bien Pedro Sánchez en olvidarse de una vez por todas de su idea de crear un cordón sanitario en torno al que es, por ahora, el partido más votado por los ciudadanos. Nadie le pide que se eche en los brazos de su tradicional adversario político, sino, simplemente, que no imponga vetos que pueden pasarle una factura muy cara al PSOE o, lo que es peor, al conjunto del país.

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