La esquina

josé / aguilar

A Sánchez le mueven la silla

HAY movimientos subterráneos en el Partido Socialista cuestionando el liderazgo de Pedro Sánchez. Se le acusa de estar más preocupado por, y ocupado en, consolidarse él que en levantar un partido sumido en una de sus crisis más profundas y duraderas. Son movimientos extraordinariamente prematuros: lleva unos cuantos meses al timón. No hay periodo de gracia.

Derrotó a los otros dos aspirantes a la secretaría general socialista en buena lid. Quizás el estado de ansiedad, desconcierto y frustración en que vive el PSOE condujo a muchos militantes a esperar un milagro del relevo de Rubalcaba y concederle poderes taumatúrgicos a cualquiera que fuera a sucederle. Pero los milagros raramente se dan en política y los personajes carismáticos capaces por sí solos de remontar en un escenario adverso aparecen más raramente todavía.

Luego están los barones y dirigentes territoriales -conspiradores por antonomasia- que antes de la elección de Sánchez como secretario general ya habían decidido que va a ser un secretario general de transición. Una especie de profecía autocumplida: éste no va a durar, y nosotros haremos todo lo posible para que no dure. Son los que ponen el énfasis en sus errores y tropiezos puntuales, pero obvian que en los grandes asuntos nacionales mantiene las posiciones propias de un partido socialdemócrata (en estado de desnorte, eso sí, pero un desnorte que afecta a todos).

Fíjense en que lo dan ya por tan amortizado que le ponen fecha de caducidad. Piensan hacerle responsable de los resultados de las elecciones municipales y autonómicas de la primavera, y los que más lo piensan son algunos de los que serán candidatos a sus ayuntamientos y comunidades. Para nada tienen en cuenta de dónde viene el PSOE. Si salvan la cara en sus comicios, dirán que es gracias a ellos. Si fracasan, como le pasará a la mayoría, ahí está Pedro Sánchez para cargar con todas las culpas. Tan es así que han aparcado las primarias para designar el candidato a las generales. Le tienen en libertad provisional. Le eligieron secretario general y lo lanzaron a debatir con Rajoy, pero sin darle seguridad de que será el socialista que aspire a sustituirle en La Moncloa.

Algunos -Susana Díaz, por ejemplo- incluso le adelantan que no le apoyarán en las primarias... para mantener su neutralidad. ¡Neutralidad ante el secretario general!: una forma de abandonarlo a su suerte.

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