DENTRO de tres meses, a partir el 1 de enero de 2015, los centros sanitarios de la comunidad autónoma andaluza comenzarán a aplicar un protocolo para la detección de enfermedades a niños y adolescentes hasta los 14 años. Se trata de la ampliación de un programa ya existente para vigilar la salud de los pequeños de cero a cuatro años. En este caso se hará un seguimiento periódico a niños y adolescentes cuyas familias así lo soliciten, según acordó el Consejo de Gobierno en su reunión del martes pasado. La consejera de Salud, Políticas Sociales e Igualdad, María José Sánchez Rubio, ha animado a las familias a que se incorporen a este programa, cuyos beneficiarios calculó en torno al 45% de la población andaluza de estos tramos de edad (400.000 niños y adolescentes en total). Además de las revisiones que actualmente están establecidas, la ampliación implicará nuevas revisiones a los 6 años, entre 9 y 11 y entre 12 y 14, un grupo este último en el que el plan se centrará en los riesgos de consumo de alcohol y tóxicos, acoso o malos tratos e información sobre sexualidad. Hay que considerar este nuevo programa como un avance en la política de prevención sanitaria que es socialmente necesaria y que también puede mejorar la eficiencia del sistema de salud al actuar sobre la población antes de que la enfermedad se produzca. No obstante, hay que llamar la atención sobre el hecho de que este programa no haya salido a la luz en compañía de una dotación económica adecuada. Según la consejera, su puesta en práctica no supondrá ningún coste añadido para el Servicio Andaluz de Salud, cuyos profesionales se harán cargo del funcionamiento. Lo cierto es que los empleados públicos de la sanidad ya están sobrecargados de trabajo y es dudoso que la prevención ampliada pueda acometerse sin horas extras o nuevas contrataciones. No son pocos los programas sanitarios que han fracasado por no estar presupuestados.

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