fragmentos

Juan Ruesga / Navarro

Santa Catalina y Santa Lucía

DURANTE mi niñez, la iglesia de Santa Lucía estaba cerrada y la de Santa Catalina, abierta. En estos días es al revés. Y me cuesta trabajo entenderlo. O el mundo ha dado la vuelta y yo no me he enterado. En aquellos años cincuenta era vecino de la calle Santa Paula y alumno de los Escolapios de la Plaza de Ponce de León. Mis recorridos de entonces pasaban por San Marcos, con la iglesia cerrada. Por la plazuela de Santa Isabel, donde jugábamos a las bolas. Por la calle San Luis, con su iglesia abierta, que hacía de parroquia mientras se terminaba de arreglar San Julián. Y hasta Santa Marina, que también estaba cerrada. Por Enladrillada y Sol para ir al colegio, pasaba por San Román y Los Terceros. ¡Qué portada tan bella! Camino del cine Alcázar pasaba por delante de Santa Lucía, más sombría y con aires de abandono. Los juegos de antes de entrar y al salir de clase, en los jardincillos ahora sustituidos por paradas de autobuses, tenían como telón de fondo la parte barroca de Santa Catalina.

Nada sabía entonces de Leonardo de Figueroa. De Juan Talavera y Heredia lo único que sabía es que era el arquitecto del colegio, un señor delgado, de traje negro y sombrero de fieltro que veíamos pasar por las galerías altas del Patio de la Virgen hasta sus habitaciones. Después supe de su trabajo, de su bien hacer en Sevilla y que años antes había restaurado Santa Catalina, colocando la portada de Santa Lucía. Cuando paseo de nuevo por el barrio, en mis frecuentes visitas al compás de Santa Paula, las iglesias cerradas antes, están abiertas y restauradas. Y en Santa Lucía, la más abandonada de todas, está ahora instalado el Centro de Documentación de Artes Escénicas de Andalucía. La única pieza que se mantiene en pleno desarrollo del malogrado proyecto del Centro Andaluz de Teatro. Todavía recuerdo cuando venían gentes de teatro de España y Europa a conocer su funcionamiento: formación, producción y documentación en una sola institución. Ya sólo queda el Centro de Documentación, que espero que en Santa Lucía tenga larga vida. Vayan a consultar sus fondos. Merece la pena.

Y volviendo a Santa Catalina. Las cubiertas están arregladas y el templo cerrado, y en peligro de colapso según los informes. Como arquitecto me pregunto, si arreglaron las cubiertas sin tocar los cimientos, ¿es que no había dinero para otra cosa? o ¿es que no había un riesgo tan inminente como el actual? Como sevillano me pregunto: ¿están los retablos y obras de arte dentro o se han sacado del templo, para su cuidado? Todo ello me crea inquietud. Oímos opiniones contradictorias y preocupación de los vecinos. ¿A qué hay que esperar? Por muchas vueltas que le queramos dar, la responsabilidad principal de conservación, mantenimiento y custodia es del propietario, el Arzobispado. Las instituciones también tienen responsabilidad. Que los creyentes pidan a Santa Lucía que guarde desde su retablo cerámico, hoy tapado, los muros de Santa Catalina. Que proteja la edificación con todos sus bienes y ayude a su restauración. Y que nosotros lo veamos.

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