La esquina

josé / aguilar

Savonarola Errejón

DE entrada hay que decir que el problema que tiene Íñigo Errejón es el mismo que podrían tener muchos otros investigadores contratados por la endogámica universidad española sobre cuya labor las autoridades políticas y académicas no indagan. Pero, claro, Errejón es el número dos de Podemos, y sólo eso explica la estricta lupa con que está siendo examinado. También de entrada: el expediente que le han abierto se refiere sólo a él, no a su partido. Su presumible sanción no significa la condena de Podemos, por más que quienes lo han expedientado puedan albergar esta motivación (de hecho, la rectora de Málaga dijo que todo estaba en orden hasta que una declaración de la presidenta de la Junta la hizo cambiar de opinión).

¿Y por qué la Universidad le ha abierto un expediente disciplinario y suspendido de empleo y sueldo al secretario de Política de Podemos? Por dos razones. Porque su contrato le obliga a realizar la investigación sobre la vivienda en Andalucía desde las instalaciones de la propia Universidad malagueña y dedicarle cuarenta horas semanales, y no lo ha hecho. El director del proyecto, Alberto Montero, que también es su compañero en Podemos y que le avisó para que se presentara al concurso público convocado al efecto -resultó ser el único aspirante-, sostiene que él le autorizó a trabajar en Madrid, a distancia. Ha sido igualmente expedientado. Y porque durante algunos meses Errejón, mientras investigaba la vivienda andaluza, trabajó y cobró en la organización de Podemos. Ambas actividades podrían ser legalmente incompatibles. Se verá.

Aparte de los poderosos intereses políticos que gravitan sobre este caso, Íñigo Errejón está siendo víctima de sí mismo. Le ha puesto tan alto el listón de la honestidad y la transparencia a los demás políticos que no puede evitar que los demás se lo pongan a él en el mismo sitio. No puedes emprender una cruzada anticorruptos y pretender que tu pequeña corruptela pase desapercibida. Más aún, no puedes basar tu lucha política en denunciar los privilegios de la casta política y comportarte como casta universitaria. La Inquisición termina quemando al inquisidor Íñigo Savonarola. En Málaga, no en Florencia.

Pero, insisto, el expediente no supone criminalizar a Errejón ni acusar a Podemos de corrupción. Ni siquiera supone descalificar a este partido como opción política legítima. Sólo tratarlo como al resto.

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