La ciudad y los días

carlos / colón

Señora de las lágrimas buenas

ESTE no es el primer besamanos de la Macarena al que falta mi padre. Pensarlo así sería una forma poco macarena de sentir. Que de alguna forma traicionaría lo él que sentía al verla; lo que de muy joven le obligaba a acompañarla desde la Catedral hasta San Gil; lo que como mínimo una vez a la semana le hacía ir desde Nervión a la Resolana para echar un ratito con Ella; lo que tal día como hoy lo mantenía anclado en uno de los dos bancos bajos -terciopelo y oro- que la misericordia de la hermandad pone ante la Esperanza para que las personas mayores puedan verla más tiempo y más de cerca que nadie; lo que resucitaba un brillo joven en sus ojos de más de 90 años cuando contemplaba la fotografía frente a la que cada día se sentaba; lo que ponía una sonrisa en su boca cada vez que la nombraba por su nombre teologal o por su apellido de barrio.

Todo eso traicionaría si escribiera que este es el primer besamanos de la Macarena al que falta mi padre; y entrara en la Basílica desoyendo lo que escribió el de Tarso y la Esperanza dice con su cara: "¡No os entristezcáis como los que no tienen esperanza!". La tristeza macarena es luminosa. No se sufre y se llora allí menos que en otras partes, porque la pena es la pena y las ausencias son las ausencias, pero sí de otra manera. Con los balcones abiertos, por así decir, a la luz, al aire y al sol. Sin humedades de cripta. Sin telarañas de olvido. Sin negra y ciega desesperación.

Amigos macarenos que por primera vez vais este año al besamanos sin alguien con quien solíais ir, no traicionéis la devoción de los vuestros, no olvidéis que ningún devoto de la Esperanza que haya fallecido a lo largo de este año estará ausente. Muy al contrario, para ellos la Esperanza bajó del Cielo en el momento en que, como la divina partera que es, cogió sus almas entre las manos que hoy besaréis. Y desde los ojos de la Esperanza, balcones de ese Cielo en el que viven ahora, ellos nos mirarán, como escribió San Agustín, con sus ojos llenos de gloria fijos en los nuestros llenos de lágrimas.

Con tinta verde de esperanza cristiana la Macarena escribe derecho sobre los renglones torcidos de la vida. Donde está escrito muerte, Ella escribe Vida. Donde está escrito pérdida, Ella escribe reencuentro. Donde está escrito soledad, Ella escribe comunión. Donde está escrito dolor, Ella escribe consuelo. Donde está escrito desesperación, Ella escribe Esperanza.

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