Crónica personal

Pilar Cernuda

Sensatez, cordura

LOS personajes públicos suelen utilizar frases de alto nivel cuando les preguntan por sus deseos de año nuevo o qué le piden a los reyes magos, que esta pasada madrugada han llegado a los hogares españoles tras días de nervios e ilusión de la chavalería pequeña. Los personajes públicos dicen que quieren paz, libertad, que se cree empleo, que haya solidaridad entre todos y que la crisis se supere lo antes posible.

Está muy bien, pero los políticos, además de llenarse la boca con hermosas palabras, podrían dedicar dos minutos de su tiempo a analizar el papel que juegan en el tablero social y ver si cumplen con las expectativas que se habían puesto en ellos cuando fueron elegidos para ocupar cargos de responsabilidad, tanto en el gobierno como en la oposición. Podrían analizar, por ejemplo, si han dado la talla en dos aspectos que son básicos, o deberían serlo, en el comportamiento de los personajes públicos: la sensatez y la cordura.

Los sondeos indican que los españoles no están nada de acuerdo con el comportamiento de los políticos. Con todos en general, aunque se cargan más las tintas, como es lógico, en los que ocupan cargos de gobierno. Pero tampoco los populares o los nacionalistas salen bien parados; se ha asentado -con razón- la idea de que van a lo suyo, que anteponen sus intereses a los intereses de los ciudadanos, y que a las primeras de cambio no dudan en olvidar sus promesas electorales. Mienten cuando las verdades duelen, tergiversan los datos, premian a los serviles frente a los eficaces, les gusta rodearse de quienes le bailan el agua y no tienen el menor pudor en enviar a galeras a quienes merecían estar en primera línea, mientras colocan en esa primera línea a los amigos de turno.

El Gobierno es de una mediocridad nunca conocida hasta ahora, pero tampoco en la oposición se encuentran siempre los más capaces, y sin embargo aparecen en las alturas algunos de los que mejor se mueven para colocarse al lado del líder. Y el líder, los líderes, permiten ese juego innoble.

Los Reyes Magos de Oriente, como todo el mundo, están en crisis y sus alforjas llegarán este año menos cargadas que en años anteriores. Pero hay regalos que no pesan, ni cuestan dinero ni se estropean en el largo viaje. Todo el mundo se desea lo mejor en el año que comienza, pero está por ver que los políticos, nuestros políticos, quieran mejorar. Si quisieran, ya habrían intentado aplicar el sentido común en algunas de sus decisiones, ya habrían intentado abordar los problemas más acuciantes, ya habrían reaccionado ante la decepción que invade a los españoles cuando miran a la clase política y ven lo que ven: un erial en el que la grandeza, con muy pocas excepciones, brilla por su ausencia.

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