DESDE Los Soprano y A dos metros bajo tierra, la cadena HBO es la reina de la producción televisiva. Y aunque le han salido fieros aspirantes al trono con sus mismas armas de creatividad e incorrección política -Showtime con Dexter y Californication, AMC, Breaking Bad y Mad men- nos sigue ofreciendo joyas. El domingo se emitió en EEUU -disculpen si no me molesto en buscar dónde se está maltratando esta serie en España- el último capítulo de la sexta temporada de Entourage (El séquito), la serie favorita del hombre más poderoso del planeta, Barack Obama.

A priori es superficial: las aventuras en Hollywood de un joven y exitoso actor salido de Queens y de sus amigos del barrio. Pero la HBO ha sabido aliñar la trama con ingredientes que hacen de sus capítulos los mejores 25 minutos de televisión. Como confirma su colección de Emmys, cuenta con uno de los mejores secundarios de la historia, el agente Ari Gold (Jeremy Piven). Ejecutivo deslenguado, ambicioso y sin escrúpulos pero con su corazoncito. Sus soeces diatribas triunfan en Youtube, y el domingo nos ofreció un expediente de regulación de empleo antológico -ya quisieran Trump o Bassat despedir así-. Entourage está basada en la vida real de uno de sus productores, el actor, rapero y modelo Mark Walhberg, un intérprete mediocre pero con gusto exquisito, pues también produce otra maravilla de la HBO: el En terapia de Gabriel Byrne. Como se trata de mostrar las tripas de Hollywood, en la serie no faltan los cameos de lujo: Matt Damon, Scorsese, Bono, Lebron James... Hay guantazos por salir en ella. No es dramática ni la típica sitcom de risa enlatada. Es un canto a la amistad, al sexo, la ambición y la juventud que en cada capítulo logra que nos olvidemos de la realidad y nos sintamos estrellas de cine. Y eso no es mala cosa.

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