Con efecto

javier Mérida

Serra y la historia de un daño que ya cansa

VAYA por delante que las dos etapas de Lorenzo Serra como entrenador del Betis se saldaron con sendos triunfos y, la segunda de ellas, incluso con un título, palabras mayores en un club como el heliopolitano. Siempre, claro está, habrá que colegir que dispuso de las dos mejores plantillas de la contemporaneidad. Sin peloteros como Prats, Vidakovic, Alexis, Finidi, Jarni y Alfonso, o Juanito, Joaquín, Assunçao, Edu y Oliveira, por citar a los mejores, difícilmente hubiera logrado el de Sa Pobla tan excelsa hoja de resultados.

Y valga este paréntesis para que no nuble más la vista de nadie y cese de un maldita vez el daño que en la sombra le está haciendo hoy el técnico balear al Betis por esa contumacia en regresar de cualquier manera que está cimbreando los escasos pilares de una entidad que quiso renacer de sus cenizas hace casi cinco años y, decididamente, sólo ha ido a peor.

En el Betis existe un entorno pernicioso, el que en su día encumbró a Lopera y lo vitoreó antes de acabar desencantado y levantando su cadalso por mor de las discrepancias surgidas entre él y Serra. Desde entonces, este grupo, que se ha posicionado ya en todos los estamentos del club y en cuanta organización paralela lo rodea, tiene en el poblero a su tótem. Y éste se cree un fuera de serie incluso como gestor, al punto de que antes de que Lopera le diese el boleto en 2006 desarrolló un proyecto estructural para el club, Betis Millenium, que sus admiradores juzgaron como la panacea.

Pero como Dios pone a cada uno en su sitio, Serra y sus ideas se fueron a Mallorca, donde a la vista están los resultados de directivo tan innovador. Lo ha sido todo en su club, ha hecho y deshecho a su antojo, y los baleares viven de milagro. Ante el fracaso, lleva ya años buscando de nuevo el loor del beticismo. Uno más que es del pernicioso entorno, sus intentonas por volver son continuas y, cuanto más débil es la estructura de la entidad, más arrecian sus acometidas y más poder fáctico acumula, máxime con el aumento de infiltrados en los intestinos de Heliópolis.

Los más avezados lo vieron claro: Domínguez Platas y Francisco Estepa eran pan comido. De hecho, éstos aceptaron por su impericia que Serra fuese esta temporada el director deportivo. Así, desde mayo planifica este Betis: Alexis, Julio Velázquez, Merino... Los principales soportes deportivos del club, más algún jugador, fueron sugerencia suya. Pero el administrador judicial se hartó, máxime antes las procelosas noticias de todo tipo que le llegaban de Mallorca: acciones, un hijo representante... Nada de ello gustó al cordobés, quien le cerró la puerta.

Pero como este Betis tan mal pergeñado por él anda más que titubeante ha visto de nuevo el agujero para colarse. Ahora, desde el banquillo, pese a sus 61 años y los ocho que lleva sin entrenar. Es igual, él mandaría hasta de utillero. Eso es lo de menos, como lo es que el club no acabe de tomar un camino recto por su egoísmo sin límites, por ese erre que erre auspiciado por el beticismo más rancio, ése que, al igual que este barcelonista que se declara bético, se cree en el derecho de mangonear en el Betis al pairo de un consejo inerme incapaz de ningunearlos.

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