La lluvia en Sevilla

Sevilla de la Frontera

La Sevilla de la Frontera preserva la vida cotidiana que va perdiendo el centro a pasos acelerados

Nada que objetar a la emoción y las ganas de muchas gentes de seguir a Jesús del Gran Poder por estas calles hasta llegar a la ciudad que no saldrá jamás en las postales, la estrictamente extramuros, la que está al margen. En los barrios más pobres de toda España, ¿quiénes viven? Vecinas y vecinos de Sevilla. "Lo peor que ha hecho Sevilla es aceptar que las bolsas de miseria son una parte más del paisaje de la ciudad", afirmaba el pasado domingo José Antonio Carrizosa desde estas páginas. Esa antimedalla la tenemos colgada en las espaldas. Sevilla de la Frontera comienza en el Tamarguillo.

Pero que nadie se alivie y enjuague la conciencia social -más bien le escueza y se le despierte- con la visita de la imagen a Tres Barrios. La situación en la que viven muchos niños, ancianas, adolescentes, adultos de esta ciudad no es asunto divino sino humano, demasiado humano. Ni el problema ni la solución caerá del cielo. Es nuestra entera responsabilidad, de las administraciones y de quienes las votamos y volvemos a votar. Bien lo saben quienes, desde la lucha vecinal, las ONG y otras asociaciones y colectivos están a pie del cañón. La visita del Gran Poder alegrará el corazón de sus devotos de estos barrios. Ese es su objeto, y no es menudo para quienes tienen fe. Lo demás concierne exclusivamente a los mortales y a la razón. Obviedades que conviene recordar.

En lo político con minúsculas -que a mi entender es la verdadera política mayúscula- sería interesante pensar en los conceptos de centro y periferia. Ubicándonos en ellos sólo podemos aspirar a hacer un viaje vertical, cuesta abajo, desde la Puerta de Jerez a Los Pajaritos. ¡Con lo llana que es Sevilla! Y seguir dividiendo Sevilla, cada vez más, en las dos partes que cantaban los Pata Negra; la de los turistas y donde vive la gente. La idea de trayecto desde el centro a las afueras del Sistema pone de manifiesto el factor desigualdad. Toda Sevilla debiera estar más unida y cerca entre sus partes. Esa sería la victoria. Desde dentro de las afueras, válgame el oxímoron, sí se trabaja en ello.

La Sevilla de la Frontera preserva la vida que va perdiendo el centro a pasos acelerados, por causa de la fe en el turismo que encarece y sustituye a los vecinos arraigados por huéspedes de paso. Pasear por las calles de nuestros barrios de extramuros es un chute de vida cotidiana, familias en las puertas, chiquillos en plazuelas, olor a pescaíto que sale por las ventanas, el claclacla del batir los huevos para una tortillita a la francesa. "Y droga y delincuencia…", habrá quien añada, y gustosa le remito al primer párrafo. El activismo, incluido el de las parroquias, de estos barrios acerca la ciudad a la ciudad. Que no salga en las noticias es otra cosa.

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