Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Sevilla y el cambio

El cambio de color político en la Junta no va a alterar la relación del Gobierno andaluz con Sevilla

Después de casi cuarenta años llegan vientos de cambio a la Junta de Andalucía, una institución que tiene su sede en Sevilla, de la que sus cinco presidentes han sido o nacidos en Sevilla -tres- o con una fuerte vinculación personal con ella -los otros dos- y que ha configurado la capital como una ciudad de servicios con una clase funcionarial y administrativa que le da una de sus principales características. A pesar de ello, ahora que llega la hora del balance del largo ciclo de gestión política que se termina, conviene preguntarse si el hecho de que el Gobierno y el Parlamento de Andalucía estén aquí radicados ha traído más beneficios que perjuicios o ha sido al contrario. Sin entrar en maximalismo, que son por su propia naturaleza deformantes, no cabe duda de que la capitalidad ha conllevado aspectos positivos. La Junta es una maquinaria de poder que mueve dinero y que es la principal empleadora de la región. Que sus principales órganos de decisión hayan estado en Sevilla ha supuesto que aquí se han asentado profesionales y empresas de una amplia gama de especialidades, que han trabajado directamente en la institución o en actividades relacionadas con ella.

Pero, aparte de la configuración de esta clase profesional y funcionarial con un estimable poder adquisitivo y que es capaz de dar personalidad a una ciudad, es muy difícil encontrar otros beneficios que haya podido aportar a Sevilla ser la capital de la región. De hecho, se podría hablar de que la Junta se ha comportado con un acusado complejo de centralismo sevillano que ha condicionado muchas decisiones e inversiones. Quizás una de las consecuencias más negativa de la implantación del modelo autonómico en Andalucía haya sido el fomento de las rivalidades interprovinciales que con el tiempo se ha traducido en una especie de agravio colectivo de todas contra Sevilla. Esta situación ha provocado que, por ejemplo, el Metro de Sevilla esté cojo con una única línea y sin perspectivas de ampliación a corto plazo, sus museos abandonados o sus infraestructuras todavía como quedaron tras el esfuerzo inversor del Estado en la Expo hace 25 años. Otras ciudades han experimentado positivas transformaciones en las que mucho han tenido que ver las políticas del Gobierno regional.

Así ha sido durante las últimas décadas. ¿El cambio de gestores en San Telmo propiciará un trato diferente hacia la capital de la región? Pues casi podríamos apostar a que todo quedará más o menos igual. No es una cuestión de partido, sino de modelo institucional. No es previsible que haya modificaciones importantes porque salga Susana Díaz y entren Juanma Moreno y Juan Marín. Ninguno de los dos, por cierto, con especiales vinculaciones con Sevilla.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios