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Sevilla tiene dos caras

No seamos seres de una sola mirada, al pasado o al futuro, miremos a los dos

En el patio central de la sevillana Casa de Pilatos, y bajo la atenta mirada de la diosa Atenea, existe una maravillosa fuente renacentista de mármol, coronada por un busto del siglo I del dios romano Jano. Ese dios de dos caras opuestas era el protector de aquellos que deseaban variar el orden de las cosas y representaba el tránsito entre el pasado y el futuro. Un dios que una cara miraba a Oriente y otra a Occidente, que visto desde Roma significaba todo el mundo conocido. La divinidad romana de la memoria y de los proyectos, al que invocaban los antiguos romanos al iniciar una actividad.

No sé qué motivos tendría el Marqués de Tarifa para traer el busto de Jano de alguno de sus viajes y colocarlo en lugar preferente de su casa, pero lo cierto es que permite marcar un punto de reflexión al comparar el dios de dos caras y Sevilla. Una ciudad que no proyecta con nitidez un futuro, un claro proyecto de ciudad, y que sin embargo debe construirlo desde el respeto a su pasado.

Sevilla tiene dos caras como el dios bifronte. Y debe ser sólo una cabeza para poder pensar y actuar. Debemos mirar a nuestro pasado. Pero ¿de qué sirve la nostálgica perfección de una ciudad que ya no existe? Sin mirar al futuro no conseguiremos nada. Hace unos días tomé café con una antigua alumna de los mejores tiempos del Instituto del Teatro. Ahora está en México D.F., una metrópoli que incluye varias ciudades, llena de contrastes, pero en plena ebullición siempre. Y me resultó interesante un comentario que hizo: "La Sevilla que conocí casi se ha diluido. Muchos de mis compañeros han triunfado profesionalmente, pero ahora no logro identificar las nuevas vanguardias". La tranquilicé, siempre están ahí. Pero es cierto que puso a nuestra ciudad frente al espejo. No es fácil ese primer escalón de espacios culturales, esenciales para que los jóvenes creadores confronten su trabajo con el público. En ocasiones, en los límites de lo comúnmente aceptado como actividad artística. Los proyectos que inspiran la cultura más actual se basan en la diversidad, en incorporar más de una nacionalidad, más de una disciplina. Los creadores que empiezan representan la utopía y en palabras de Vázquez Montalbán: "Tienen el derecho a pensar que el mundo podría ser diferente y que el presente podría ser resuelto de otra manera". Hoy nos falta perspectiva, pero quizás dentro de un tiempo, algunos de los creadores que ahora buscan un mínimo lugar, podrán ser los artistas de referencia en el panorama cultural español. Y es posible que para entonces Sevilla los haya perdido.

Porque, entre las tan traídas y llevadas dualidades de Sevilla, que parecen justificar que nos entretengamos en buscarnos los defectos, creo que el dios Jano nos sugiere una posición más inspiradora y a la vez más práctica: no seamos seres de una sola mirada, al pasado o al futuro, miremos simultáneamente a los dos. Respeto a nuestra historia y audacia para nuestro futuro, sin temores injustificados. Sólo podemos ganar.

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