Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El Sevilla, un destino muy apetecible

NUEVE años después y tras una oleada de plata a sus vitrinas, el Sevilla emboca la reedición de una cuenta atrás para la ilusión. Como hace nueve años en Mónaco, el Sevilla se halla en una recta final que desemboca en la posibilidad de un nuevo hito. Más que posibilidad, la realidad más concluyente, ya que librar cuatro Supercopas europeas en nueve años no está al alcance de cualquiera; o mejor dicho, de casi nadie.

Y para adobar un asunto que derramará ríos de tinta de aquí al martes conviene incidir en el papel que este Sevilla recita en el fútbol continental. Por ejemplo, el mero hecho de que la posibilidad de contratar a Fernando Llorente entre de lleno en lo más que probable aclara con nitidez y contundencia lo que significa el club de Nervión en el concierto futbolístico. Es más, creo que en estos momentos, el Sevilla es más de lo que era cuando la masiva conquista de títulos.

Me imagino, por ejemplo, a Carlos Bacca preguntándose en qué mala hora decidió irse a un Milan en depresión y que en nada se parece al grandísimo equipo que fue hasta no hace mucho. Precisamente, el canto del cisne del gran club lombardo fue aquella final de Supercopa de hace ocho años en que se aprovechó del estado de shock de un rival anonadado por la muerte de Antoñito Puerta. Las vueltas que da la vida y cómo se ha vuelto aquella tortilla monegasca.

Este Sevilla que vivaquea en Atenas a la espera de la gran cita en la capital de Georgia, aun a sabiendas de que anda reconstruyéndose un verano sí y otro también y que no dimite de su papel de gran experto en las compraventas, es un suceso en Europa. Muestra inequívoca del papel que recita hogaño en el fútbol del mundo son las pocas pegas que pone cualquier gran futbolista para venir a Nervión. Y dentro de tres días, la posibilidad de agrandar la leyenda, ni más ni menos.

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