Sevilla, estación de invierno

Abrir la ciudad hacia el exterior es un objetivo que sigue siendo prioritario para Sevilla

Abrir la ciudad hacia el exterior es un objetivo que sigue siendo prioritario para Sevilla. Exportar productos y manufacturas, tecnología, aviones y servicios. Ser lugar preferente de encuentros políticos de primer orden europeo o mundial y congresos internacionales. De acontecimientos culturales exclusivos. En paralelo existe la ciudad interior, la compuesta por memoria, devociones, fiestas y tradiciones, que organizamos con esmero y que, como le pasaba al hidalgo manchego que representa a los españoles en el mundo, consume las tres partes de nuestra hacienda, véanse energías, ingenio y dedicación. Con la cuarta parte sobrante nos hemos tenido que apañar siempre para todo lo demás, incluido un mediano pasar cada uno en su casa.

Y así llevamos desde los primeros días del siglo veinte. Las promesas y prebendas de la corte de los Montpensier, que solo llegaron para algunos, habían quedado en nada. También quedaron atrás la andanada de obras promovidas por la reina Isabel II y su gobierno, que habían saldado cuentas con lo debido a la ciudad, como el Puente de Triana, el nuevo Teatro de ópera dedicado a San Fernando, la llegada del ferrocarril y otras mejoras que saludaron a los viajeros románticos. Revoluciones y pronunciamientos detuvieron el reloj de la Sevilla que conoció Gustavo Doré y las pérdidas de las últimas colonias dejó a toda España en un callejón sin salida. Los sevillanos de 1900 eran muy conscientes de que la ciudad necesitaba un nuevo impulso, encontrar un motivo que la sacara del estancamiento en el que se encontraba y que en esa ocasión no vendrían a hacerlo por nosotros. Un espíritu reformista recorrió la ciudad. El programa de juegos florales convocado por el Ateneo de Sevilla para ese año contemplaba uno de los temas de estudio bajo el título "Sevilla estación de invierno: plan de reformas y mejoras necesarias para la consecución de este fin". Los juegos se celebraron el 25 de abril en el teatro San Fernando y el trabajo ganador fue el presentado por Luis Lerdo de Tejada, como nos cuentan en el libro editado en 1999 por los editores Juan Carrillo y Alberto Carrillo-Linares, con el sugerente título Una nueva ciudad para un nuevo siglo.

El objetivo del concurso era claro, promocionar una nueva imagen de Sevilla para convertirla en una estación invernal que fuera polo de atracción turística. Para ello contaban con el ejemplo de numerosas ciudades europeas, incluidas los primeros pasos dados por Alicante, Málaga, Valencia y Almería. También contaban con un clima invernal benigno, el apoyo de las fuerzas políticas municipales para poner en marcha las reformas necesarias, de saneamientos, mataderos y mercados, nuevos parques como el de María Luisa y la idea de certámenes internacionales como la Exposición Iberoamericana. No lo consiguieron del todo, pero aquella buena idea nos trajo hasta aquí, y los sevillanos actuales debemos agradecerlo y ser consecuentes con aquel proyecto de abrir la ciudad al mundo.

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