Un día en la vida

Manuel Barea

mbarea@diariodesevilla.es

La Sevilla eterna

La esquelofilia y la necrología son dos aficiones que ayudan a muchos a sentirse vivos en esta ciudad

Hace algunos días se supo que los hombres sevillanos son (somos) los que menos esperanza de vida tienen (tenemos) de España. ¿Por qué lo del paréntesis? Me explico: si los números del Instituto Nacional de Estadística (INE) referidos a 2017 -desde entonces ya han palmado unos cuantos- se basan en el padrón, entonces me jodo. Y como yo todos los que por obvias razones de residencia, trabajo, negocios, coyunda, estudios o lo que sea decidieron apuntarse al censo y son pues, a todos los efectos que le interesan y le importan a la burocracia -o sea, al Estado y a sus recaudadores de impuestos- sevillanos. Pero si lo de que los varones hispalenses mueren antes es sólo para aquellos a los que su madre parió en esta muy noble, muy leal, muy heroica, invicta y mariana ciudad, es decir, para los sevillanos de pura cepa, para los que tienen un ADN sevillanísimo -tipo El Pali, por ejemplo- entonces tranquilo, y como yo todos esos agregados que nos hemos empadronado aquí porque no teníamos otro sitio donde caernos muertos (perdón por el chiste). Entonces tendremos que mirar lo que dice el INE de nuestro pueblo, no sea que allí también la estén diñando a tutiplén y nosotros tan panchos, creyendo que vamos con holgura, como si fuéramos un hunza.

Sin embargo, en esta ciudad es posible que la evidente negrura y el desabrido tono del puto dato, gélido y gris como una tumba olvidada, no mortifique tanto como podamos pensar. Sí, es lo que dice el cenizo INE, acompañándolo con que la causa más frecuente entre los varones sevillanos a la hora de espicharla es el tumor -gracias otra vez Señora Estadística-, pero puede que buena parte de la ciudad se haya buscado los recursos para sortear o distraer a sus tablas y gráficos. Quién sabe si no serán algunos de ellos la esquelofilia y la necrología, dos aficiones muy arraigadas. Con ellas son muchos los que se sienten vivos. Diríase que algunos hasta pletóricos: porque no es su nombre el que leen bajo una cruz en el recuadro con los ribetes negros que se publica en las páginas finales de los periódicos ni el que da pie a un obituario cargado de superlativos. Aunque cuando les ocurra a ellos tampoco podrán hacerlo. Y se los llevan los demonios con eso de no poder leer lo magníficamente sevillanos que fueron.

Que se consuelen. Les queda eso que se da en llamar la Sevilla eterna. Ha sido mi colega Pepe Izquierdo quien me ha revelado el misterio. En la cuenta de Twitter de este periódico se publicó "Los hombres sevillanos son los que menos duran vivos de España". El me envió otro titular, mucho más acertado, con el que puso las cosas en su sitio. Y éste sí que es una advertencia, no la del INE. "Los hombres sevillanos duramos más muertos".

Dios del cielo. La que nos espera en el más allá.

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