Tomás garcía rodríguez

Doctor en Biología

Sevilla muere de tristeza

No se puede restringir más tiempo la vida de la ciudad a la espera de la vacuna

El desarrollo normal de una vacuna -preparación que ayuda a la inmunidad natural- necesita varios años y existen enfermedades letales como tuberculosis, sida, malaria o gripe A que aún no tienen una adecuada. Las que actualmente se investigan contra el reciente coronavirus serán novedosas, pues contendrán una fracción de material genético a imagen del virus que dará instrucciones a las células humanas para que fabriquen sus propias proteínas de defensa. Lo nuevo necesita más espacio de investigación, avales científicos y certificación externa. Por ello, no se puede restringir más tiempo la vida de una ciudad a la espera de una vacuna que nadie sabe cuándo y cómo llegará...

Sevilla, mientras tanto, es la de siempre, la de sus iglesias y cenobios, sus jardines; la de sus gentes con reminiscencias de múltiples culturas y sangre de infinitos tiempos. Es una urbe ecléctica, absorbente de pasados que moldean su figura inquieta, apasionada, creadora, jamás ausente y siempre cautivadora. Hablar de ella es hablar de rincones y tabernas, de muros centenarios de cal y almagre, de tradicionales pavimentos, de las esencias que destilan sus plazuelas, los árboles y sus flores; y también es hablar de la amistad, del eterno ir y venir de sensaciones profundas que se despiertan al pasear por estrechas callejuelas que sorprenden y deleitan bajo el sol insultante que penetra entre sus retorcidas rejas.

En Sevilla, hoy sólo se ven corrillos a las puertas de conventos, de monasterios, de iglesias, de centros asistenciales y de beneficencia para rogar caridad, comida o sólo una palabra amiga que endulce la triste existencia de lágrimas y dolencias... Ni respirar se puede por sus calles vacías, ni reír y soñar proclamando la bondad de sus aires, de sus noches y sus días, ni ver a familiares queridos tras líneas invisibles y sombrías. Se persigue y castiga al que ansía mirar las estrellas, se tapan bocas y corazones, y a los niños les falta el aliento y el contacto verdadero que les integre en la vida plena, mientras los jóvenes se unen en un rincón de añoranzas tempranas sin vislumbrar el luminoso mañana. Sevilla quedará mutilada si se ciegan sus entrañas y sus raíces se secan, si se olvidan sus legados y dones, sus destellos y sus sombras, los abrazos, los besos y sus pasiones; morirá de tristeza si sus gentes la abandonan, si su Catedral queda sola, los parques, calles y plazas desiertas, sus tiendas marchitas, la Giralda inerte y su judería yerta... ¡Sevilla, despierta!

"¡Viva Sevilla!/ Llevan las sevillanas/ en la mantilla/ un letrero que dice:/ ¡Viva Sevilla!/ ¡Viva Triana!/ ¡Vivan los trianeros,/ los de Triana!/ ¡Vivan los sevillanos/ y sevillanas!/ Lo traigo andado./ La Macarena y todo/ lo traigo andado./ Lo traigo andado;/ cara como la tuya/ no la he encontrado./ La Macarena y todo/ lo traigo andado./ Ay río de Sevilla,/ qué bien pareces/ lleno de velas blancas/ y ramas verdes"(Sevillanas del siglo XVIII, Federico García Lorca y La Argentinita).

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