¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

La Sevilla posvirus

Apostamos todo al turismo y ahí está el resultado. El 17% del PIB de Sevilla está más que amenazado

Visto que las reflexiones, meditaciones y profecías sobre cómo será el mundo tras el Covid-19 se han convertido en un nuevo género periodístico, nos sumamos con entusiasmo a los nuevos tiempos y aportaremos nuestro grano de arena a esta playa de letras. Y lo haremos tras la estela (para seguir con los símiles marítimos) de un atinado artículo publicado en esta página por José Joaquín León, en el que se preguntaba con tristón pesimismo sobre el futuro de dos infraestructuras que son vitales para Sevilla: el paso del Guadalquivir de la SE-40 y el Metro. Por lo que dicen las Casandras de guardia, cuando el Gobierno tenga que hacer frente a la crisis económica y social que se avecina habrá que recortar en todo aquello que no sea esencial (palabra de moda, como teletrabajo) para poder dar techo y pan a amplios sectores de la población. "¿Es la ampliación del subway hispalense esencial?", se preguntará algún burócrata. "Al fin y al cabo, los sevillanos llevan décadas tragando incompetencia, ninguneo y congestión, ¿qué importa un puñado de años más?", continuará su razonamiento. O puede que no; puede que el chupatintas se ponga estupendo y diga: "Fagamos un metro tal que acabe con todo el paro de la provincia, como hizo Primo de Rivera, don Miguel, en el 29"; o si es más extranjerizante y socialdemócrata afirme con tono profesoral: "Plan Marshall no, tampoco coronabonos, lo que necesitamos es un nuevo New Deal (valga la redundancia) que inunde de obra pública el país, incluida esa línea 3 de Metro que aún está pendiente en Sevilla"... Ya veremos.

Pero estas infraestructuras, pese a ser muy importantes, no son vitales. Al fin y al cabo, podemos seguir tragando atascos en el Aljarafe o moviéndonos por la ciudad en bici, patinete o practicando la "inmunidad de grupo" en la línea 30 de Tussam, que por su poca higiene (más que contrastada por el arribafirmante) debe acoger las más extrañas bacterias y virus tropicales. El gran problema, todos lo sabemos, será el Turismo, la cesta en la que pusimos todos los huevos para salir del Crack del 08 y que ahora se ha evaporado dejando un rastro de apartamentos turísticos vacíos y una tristeza de bares sin barra que no sabemos cómo reutilizar. Por decir lo que era una evidencia, que los monocultivos nunca son buenos en economía, a muchos se les acusó de turismófobos o algo parecido. Ahora vemos cómo el 17% del PIB de Sevilla se esfuma y sólo tenemos como alternativa para cuando todo pase un plan de promoción de la ciudad en unos momentos en los que la marca España es sinónimo de Covid-19. Por desgracia, hablaremos mucho de esto en los próximos tiempos. Y tanto.

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