Puntadas con hilo

María José Guzmán

mjguzman@grupojoly.com

La Sevilla quejosa y miope

Fin de semana en Sevilla. La ciudad recibe a más de 60.000 visitantes. Apenas quedan libres plazas hoteleras, a pesar de los precios desorbitados que ha disparado la alta demanda. Es complicado encontrar un hueco para reservar mesa en los restaurantes. Y, según los cálculos municipales, se estima que los eventos programados en esos dos días dejarán 22 millones de euros en la ciudad.

Fin de semana en Sevilla. En el centro no hay sevillanos. La ciudad está a reventar de turistas y aquí ya no se puede vivir. Ruido, petardos y tracas, obstáculos por las aceras, despedidas de solteros y muchas molestias convierten al casco histórico en un parque temático, pero low cost. Suciedad, turismo chabacano de bocata y mochila en apartamentos sin regular que hacen la vida imposible a los sevillanos. ¿Y eso cuánto dinero deja? Calderilla.

Dos visiones de un mismo fin de semana en una misma ciudad, dual y quejosa. La misma que festejó que la Copa del Rey se disputase en el Benito Villamarín es la que se lamenta de las molestias ocasionadas por los hinchas y el jaleo que trastoca los planes de una ciudad donde lo mejor que puede ocurrir es que no se mueva un varal. Por cierto que el Betis estuvo a punto de clasificarse para jugar esa final. ¿Hubiera habido las mismas quejas?

Para colmo al evento deportivo, un gran acontecimiento en el país, se suma la organización de un festival, Interestelar, que también es puntero en el panorama musical de España. Y todo esto ocurre en una ciudad ambientada y festiva donde, además, se puede elegir entre un destacable programa de la Feria del Libro y no se cuántas cruces de mayo (bueno, eso es peccata minuta) y una oferta gastronómica que invita al turista a disfrutar y pensar en repetir.

Da igual, lo suyo es quejarse, con la misma intensidad que muchos lo harían si, de repente, la Federación Española de Fútbol hubiera suspendido la final en Heliópolis o los organizadores del festival hubieran tomado la decisión de cambiar la Cartuja por la Costa del Sol. Son incongruencias de una ciudad donde viven muchos sevillistas que seguramente acudieron el año pasado al Wanda Metropolitano para vivir la final de la Copa del Rey, sin reparar en las molestias que causarían en Madrid. Y probablemente donde residen otros que se desplazan en septiembre para disfrutar a tope del Granada Sound sin pensar tampoco en las molestias que origina dicho evento. ¿Dónde va a parar? Aquí el ruido llega hasta al Aljarafe, sin exagerar.Sevilla es una ciudad instalada en la permanente queja. Es un vicio difícil de corregir. Todo cuesta y todo tiene sus pros y sus contras, seguramente todo es mejorable, pero criminalizar todo lo que huele a evento con capacidad de atraer a visitantes y proyectar económica y mediáticamente a la capital es propio de miopes.

Lo peor es que todo ocurre en un fin de semana caluroso donde muchos de esos penas lanzan lamentos sin parar en las redes sociales mientras toman el sol en la orilla en la playa de Matalascañas.

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