La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Sevilla: salvar los muebles

Directrices de las Ordenanzas de Paisaje Urbano de Sevilla mientras se ultima la brutal desfiguración de Mateos Gago

En una copla -o canción andaluza, que decía Cansinos Assens- grabada en los años 30 cantaba Concha Piquer que "una noche la Giralda se plantó en mitad del Cielo/ y a San Pedro, el de las llaves, mu furiosa le soltó:/ necesito que en persona me transformes en un vuelo/ porque dicen que en Sevilla ya el flamenco se acabó". Se quedó San Pedro "viendo visiones" y le dijo: "como soy viejo y no quiero discusiones, vete a ver qué pasa abajo y me lo cuentas después". Convertida "en una real moza" la Giralda recorrió Sevilla -recibiendo al pasar por la Macarena este singular piropo político: "si usté quisiera, en ese cuerpo moreno le iba yo a hasé más reformas que Azaña en lo militá"- escuchando para su tranquilidad "el hechizo flamenco en mil coplas". Tras lo cual regresó "contenta y gozosa" al Cielo cantando: "Sevilla será siempre Sevilla mientras haya penillas que se canten por seguiriyas".

Hace más de un siglo que la definición de lo que sea Sevilla y lo que deba ser para seguir siendo se plantea como una cuestión urbanística y arquitectónica real -en 1912 se celebró el concurso municipal de casas de estilo sevillano y en 1913 publicó Aníbal González La casa sevillana en El Liberal- a la vez que como una idealizada divagación ensayística: en 1914 publicó Izquierdo Divagando por la ciudad de la gracia y en 1921 Chaves Nogales La ciudad. Pocas ciudades tienen una tan rica literatura, no que la retrate como es -casos del París de Balzac o Proust y del Londres de Dickens o Woolf- sino cómo debería ser. El regionalismo fue un gigantesco esfuerzo por convertir el ideal sevillanista en realidad: el decorado del que escribió Ortega y Gasset.

Tras los destrozos que se han sucedido desde finales de los años 50 hasta hoy y en esta descafeinada era global estas cosas parecen o incluso son añejas y desde luego interesan a pocos, si no a nadie. Pero no es una cuestión del todo muerta. Ayer informaba el compañero Juan Parejo de las Directrices de las Ordenanzas de Paisaje Urbano de Sevilla que pretende "combatir la vulgarización, reordenar los espacios, acabar con la ocupación indiscriminada de la vía pública o los impactos visuales negativos y proponer la incorporación de nuevo mobiliario y arbolado". ¿Tras la brutalidad de las setas y mientras se ultima la brutal desfiguración de Mateos Gago? Tarde, demasiado tarde. Lo que siempre se ha llamado salvar los muebles.

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