Sevilla siempre quiere más

Se ha llegado a la acertada conclusión de que la demanda es mayor cuanto menor sea la oferta

En Sevilla hay menos sevillanos, porque cada año nacen menos criaturas, pero falta de todo. Faltan habitantes para llegar a los 700.000, ese sueño de Juan Espadas y los alcaldes anteriores. Faltan sillas y palcos en la carrera oficial para atender la demanda, a pesar del IVA. Faltan casetas de Feria para atender las peticiones de los particulares y las entidades. Faltan tres líneas de Metro que habían prometido en la década pasada. Faltan plazas de aparcamientos para el Lagoh. Faltan los túneles de la SE-40 y la conexión ferroviaria de Santa Justa con San Pablo. Faltan las cubiertas de la Copa Davis en cuanto alguien se despista... Y faltan 80 días para el Domingo de Ramos. Con todo ello, se aprecia que Sevilla es una ciudad que vive a medias,y siempre necesita más, como si la afectara una permanente insatisfacción.

Ahora tenemos dos momentos estelares: hay que pagar los abonos de las sillas y palcos, y hay que pagar las tasas de las casetas de Feria. A la hora de pagar, los que aguardan en la cola se frotan las manos; a ver si se da el caso de que alguien se haya arruinado y no pueda el pobrecito o la pobrecita rascarse el bolsillo. Entonces llegará el triste momento de la renuncia, o la cesión o alquiler (se conocen diversas formas para el procedimiento, algunas más oscuras que otras), en cuyo caso habrá nuevos favorecidos y favorecidas.

En otros tiempos, la manera de solucionarlo era la ampliación. Querían ampliar la carrera oficial, incluso por el Paseo de Colón y la Puerta Jerez. Querían trasladar las casetas de Feria al Charco de la Pava, o puede que al estadio preolímpico, por buscarle más utilidad. Esos proyectos megalómanos se han abandonado. Se ha llegado a la acertada conclusión de que la demanda es mayor cuanto menor sea la oferta. Queremos lo que no se puede tener. Es el éxtasis del deseo: conseguir lo imposible. Por ello, dejarlo al alcance de cualquiera es un grave error. Si el primero que llega consigue una caseta en la calle El Fandi, nadie la querría. Sería de lo más vulgar.

Por el contrario, ahora tiene su gracia y su desgracia. Fíjense en lo que le ha ocurrido al PA. Han perdido su caseta en Juan Belmonte 196, porque los de Fiestas Mayores no han podido encontrar a nadie del partido. A Juan Carlos Cabrera no se le ocurrió llamar por teléfono a Alejandro Rojas-Marcos, por si quedara algún andalucista feriante huido a la Sierra Sur. El andalucismo se ha extinguido y todo el mundo sabe cómo ha sido. Ya no tienen ni palco, ni caseta. Por eso, se comenta que el andalucismo no existe. Si no tienen caseta, ya no son nadie en Sevilla.

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