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Un día en la vida

Manuel Barea

mbarea@diariodesevilla.es

Showman Rivera

Ahora quiere ganar a Díaz, a quien apoyó a mantenerse en la Junta, porque "37 años de PSOE ya son demasiados"

Vamos a salir a ganar a Susana Díaz. 37 años de un mismo partido es suficiente, cuando no demasiado" (Albert Rivera). Como chiste es muy malo, como broma es pésima. Podrán venir politólogos y otros expertos de salón y de babucha a explicar y a justificar al presidente de Ciudadanos con un "es estrategia, estúpidos", pero lo que el ciudadano -mira que bautizar al partido con el plural de esto- y votante percibe -o debería percibir si a estas alturas no lo ha hecho porque acaba de salir de un coma de años- es que el PSOE sigue "demasiado" tiempo en el Gobierno de Andalucía gracias, entre otras cosas, al apoyo del partido en el que manda Rivera.

Esto es así. Y no es de extrañar que más de uno ponga cara de pasmo al oír ahora al líder cítrico, que justifica ese apoyo, plasmado en el acuerdo de investidura de Díaz -a la que, por cierto, echa en cara su "victimismo"-, recordando objetivos alcanzados por su partido: rebajas en impuestos y -asegura orgulloso de su gran logro- las dimisiones de los ex presidentes Chaves y Griñán imputados en el caso de los ERE. Así que de lo dicho por Rivera se desprende que la influencia de la camarilla parlamentaria de C's ha sido relevante, cuando no decisiva, si bien no tuvo ninguna en el acuerdo sobre financiación autonómica suscrito por todos los grupos de la Cámara del que optó, enrabietada, por desmarcarse. Es cierto que tras su victoria electoral a medias, insuficiente, la presidenta se lamentaba, "víctima" de todo un aquelarre con el que la derecha y la izquierda estaban llevando a la ingobernabilidad de la comunidad autónoma. Fue entonces cuando llegó el Agente Naranja para salvar a Andalucía de la inestabilidad. Ahora, la situación debe de haber dejado de ser estable, porque C's tiene se siente obligado a ganar al PSOE de Díaz y a instalar a Juan Marín en San Telmo, previa victoria en esas primarias de chichinabo.

Si, como se ha dado por asumir, no hay más realidad que la que aparece en los medios -cuestión por otra parte debatible y muy refutable-, lo de Rivera es como él dice, pero como la realidad se extiende mucho más allá de las columnas de los periódicos, de las ondas de la radio, de las imágenes de la televisión y hasta de las imbecilidades de las redes sociales, lo de Rivera es puro simulacro. Su espectáculo es anticuado y predecible. Una columnista quiso elogiarlo en estas mismas páginas: escribió que su acierto está en decirle a la gente lo que quiere oír. Lo llamó demagogo.

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