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Rafael / Padilla

Sigue en su mundo

DEDIQUÉ un buen rato de la noche del pasado domingo a ver y oír la entrevista que Risto Mejide le hizo a Zapatero en su recién estrenado Viajando con Chester. La propuesta, en cuanto que permitía asomarse a las ideas de un personaje tan influyente en la conformación de la España actual, me parecía del mayor interés. No me equivoqué. El ex presidente nunca defrauda. En un ambiente fingidamente hostil, afirmó cosas asombrosas, increíbles en la boca de quien, durante ocho años, rigió nuestros destinos. No puede sinceramente pensar que su negociación con ETA constituyó un éxito absoluto. Tampoco resulta de recibo que descargue toda la responsabilidad en la génesis del incendio catalán sobre las espaldas del Tribunal Constitucional. Ambas reflexiones denotan un grado tal de irrealidad y de ausencia de autocrítica que nos obliga a preguntarnos cómo fuimos capaces de sobrevivirle.

Me sonrojó, por inconsistente, el análisis que realizó sobre su posición frente a la crisis. Según él, nadie podía atisbar, ya en 2008, la ruina que nos rondaba. Miente y miente a sabiendas. Me basta con recordar el impecable discurso de Pizarro para desenmascarar la falsedad de una ignorancia por supuesto culpable. Nada de esto le perturba. Ahí sigue el hombre en la orgullosa defensa de su insensata gestión.

De tanto argumento extraño, quiero quedarme al fin con una perla presuntamente menor. Al reprochársele su desconocimiento del idioma inglés, tuvo los santos bemoles de improvisar una teoría francamente novedosa: la meritocracia es contraria a la democracia; si exigiéramos cierto nivel a nuestros políticos, los hijos de los obreros no podrían llegar a ser presidentes del Gobierno. Y un cuerno. Además de que el fracaso educativo le pertenece como a casi nadie, olvida maliciosamente sus propios orígenes: don José Luis tiene de hijo de obrero lo mismo que yo de lama tibetano y disimular la propia incompetencia en la envoltura melosa de la igualdad acaba siendo una burda trampa, la enésima, de este prodigio del populismo.

Reaccionario llamó a Mejide por exigirle lo que, por ejemplo, necesita acreditar hoy para graduarse todo universitario español. Y es que ni está ni se les espera. Sigue en su mundo de colores, tan a gusto con su inefable trayectoria. Un genio de la autoestima este Zapatero de mis penas, un trilero incorregible que, por fortuna, jamás volverá a tener la oportunidad de desbaratarnos la casa y la sesera.

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