PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Sillas, astillas y astilleros

CUANDO Sevilla se desayuna con el riesgo para su industria naval, por los problemas de pago y cobro del astillero y sus empresas auxiliares, Sevilla acaba la jornada con el pescaíto de quienes en agosto prosiguen su toma y daca sobre el abono de sillas en Semana Santa. Centenares de empleos en riesgo de quedarse colgados de la brocha son cosa de la economía, que se aprecia como algo externo que no controlamos. El debate sobre el sillódromo sí parece lo nuestro, ahí no meten mano ni la globalización ni las restricciones financieras ni la competitividad. Que inventen otros, para nosotros queda el paro vestido de Domingo de Ramos. Así quieren algunos que sea Sevilla, la ciudad que ha perdido la brújula y se le ha parado el reloj.

Padece problemas de percepción visual para ver las cosas en su justa medida, y de inmadurez para crecer en sus capacidades sobre lo que no sabe hacer tan bien. Así agranda artificialmente los temas que se hablan en código localista y se muestra remisa y muy tímida para jugar con igual intensidad en los que le sacan los colores y donde hace falta manejarse en claves universales.

El desapego de una parte de la sociedad sevillana a la economía productiva (la de valor añadido y riqueza estructural) por sentirse más que rebasada, marca en exceso la querencia a ensimismarse en una economía de funcionariado, de cotos y cuotas profesionales, comerciales y bares a la espera de clientes cuya deriva lógica es la de sacarle punta, y astillas, a las ocurrencias estrictamente locales.

Cuando a 600 personas les amenaza el paro de larga duración, y a largo plazo se auguran dificultades para 2.000 en una de nuestras escasas bazas industriales de conseguir contratos en el extranjero, creo que los costaleros políticos y civiles de la economía de las sillas cofrades podrían aminorar en agosto el paso y facilitar que esta ciudad no se refugie siempre en los mismos temas para eludir otros más importantes en los que nos va el pan nuestro de cada día.

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