Julián Aguilar garcía

Abogado

Sindicatos 'vs.' Robots

No lloremos por lo inevitable: busquemos alternativas, atrevámonos a ser innovadores

Ha sido noticia reciente la previsible protesta de los sindicatos sevillanos contra la propensión de los dueños de gasolineras hacia los establecimientos de bajo coste, que sustituyen empleados por máquinas.

El silencio sindical habría supuesto confesión de inutilidad, reconocimiento de un propósito ya sólo político y no laboral. Las máquinas parecen poner en peligro empleos en la provincia, de Guadalcanal a El Cuervo y de El Madroño a Badolatosa, pasando por Sevilla capital o Marchena, esa preciosa desconocida.

Entre los despavoridos alegatos sindicales, algunos tan apreciables como que las máquinas no pueden prestar el mismo servicio que las personas, emitir facturas a quien las solicite, atender a clientes con movilidad reducida o asistir en caso de necesidad de primeros auxilios.

Pero es como limitar las mentiras electorales o la voracidad fiscal de nuestros gobernantes. Un imposible.

Las máquinas son más baratas que las personas, no toman café ni días propios, no incurren en absentismo, no tienen liberados sindicales, …, y emiten facturas y permiten (como los ascensores) la interlocución con expertos en primeros auxilios u otros. Y no hay negocio que se sostenga con pérdidas recurrentes. Si un empresario puede bajar sus costes usando máquinas, los competidores tendrán que hacerlo. Lo contrario implica no ya un riesgo para parte de los empleos del sector, sino la desaparición del mismo y por ende de todos sus trabajadores.

Esto no es nuevo. ¿Cuántos ascensoristas quedan en Sevilla? ¿Y guardias de tráfico dando paso en los cruces? ¿Y porteros en comunidades de vecinos? ¿Y linotipistas o dactilógrafos? Pensemos en el futuro: ¿cuántos taxistas creemos que van a sobrevivir no sólo a Uber y similares, sino a los vehículos automatizados de alquiler que se nos vienen? ¿Y camioneros? ¿Creemos que dentro de diez años alguien va a pagar por un abogado que dedique horas simplemente a buscar jurisprudencia cuando un programa de ordenador lo hace casi gratis en unos segundos? No lloremos por lo inevitable: busquemos una alternativa, atrevámonos a ser innovadores. Cuando por el empuje asiático y europeo cae Detroit (las fábricas estadounidenses de coches) surge Silicon Valley (aportando mejores sueldos y más valor a la economía americana).

Entiendo que los sindicatos, como yo lo haría si viese mi empleo peligrar, finjan defender lo que a medio plazo es insostenible salvo por clientelismo político o criterios sociales ineficientes. Pero hagámonos a la idea de que frente a las máquinas sólo sobrevivirán los empleos que supongan atención muy personal, actividad creativa u organizativa, valor objetivamente añadido al pagador. Y los sindicatos políticos, claro. Esos subsistirán aunque ni aporten valor, ni sean creativos, ni resulten eficientes.

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