Las dos orillas

josé Joaquín / león /

'Sine labe' y con el AVE

EL fantasma de Guillermo Cabrera Infante (posiblemente el mejor escritor cubano del siglo XX, con Alejo Carpentier, y sin olvidarnos de Lezama Lima), tan dado a los juegos de palabras, se me apareció en un sueño. Me dijo que venía de dar una vuelta por Sevilla y que estaba horrorizado, viendo que aquí se fusiona el Sine labe con el AVE, y este puente de la Inmaculada es como una mezcla confusa de besamanos con paseantes por la Sevilla iluminada como si fuera el Covent Garden, que es otra maravilla que llama la atención y atrae a gente de los pueblos y hasta de lejanas ciudades.

Los fantasmas y los demonios siempre han tenido mucha mano en Sevilla. Han contribuido a la confusión, porque se infiltran y nos trabucan muchas ideas. Es archisabido que Santa Teresa de Jesús (que nació en 1515, hace casi 500 años, y que además de santa es doctora de la Iglesia) escribió acerca de la influencia que tenían los demonios en Sevilla. En ese barrio de Santa Cruz, que en estos días está abarrotado de turistas, también quedan testimonios de la mejor Sevilla histórica, como el convento de Las Teresas (oficialmente monasterio de San José), de las carmelitas descalzas. Pero es verdad que si en Santa Cruz se pregunta por "Las Teresas", lo más probable es que lo manden al bar.

Los demonios y los fantasmas sevillanos tienden a desmadrarse por la parte de la Encarnación, más que por Santa Cruz. Por la Encarnación estuvo el convento de Regina, desde donde el fraile dominico Molina cuestionó la Inmaculada Concepción. Y es verdad que ya no queda nada de ese convento (castigo de Dios y de Sevilla), pero algún demonio se tomó la venganza con las setas, que ha sido casi peor, porque ha arraigado el cultivo, con tantos bares baratos, y ha pasado a ser una zona de ocio. Antes de eso, los demonios de Sevilla habían dejado por allí el escarnio de la calle Imagen, que fue sonado.

En este puente, con el AVE, la ciudad se llena de turistas, a mayor gloria de la hostelería que pone veladores. Y con el Sine labe(concepta) la ciudad recupera por un día su mejor historia mariana, en honor de la Pura y Limpia, con ritos antiguos y baile de seises, o con reliquias del hilo del velo de la Virgen, que se da a besar hoy en San Antonio Abad, cuando el Silencio se reviste de un celeste que evoca los cielos que no perdimos del todo. En el fondo, Sevilla fue así. Pero ahora puede que sea una ciudad que no la entienden ni los fantasmas.

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