Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Sólo falta que les pidan autógrafos

Confesaba Míchel que la innegable superioridad de los dos colosos se acrecienta a veces desde la pizarra

HABLABA ayer Míchel por la radio y afirmaba algo que me viene rondando la sesera desde hace ya cierto tiempo. Aun reconociendo la incontestable superioridad de los dos colosos sobre el resto de los demás equipos que conforman la Liga, dijo el entrenador del Getafe que a esa superioridad contribuyen también ciertos entrenadores y entre esos entrenadores no tuvo el menor reparo en incluirse él mismo. Ese respeto que roza lo reverencial con que, por ejemplo, el Getafe afrontó su duelo con el Barça o el que mostró el Sevilla en su comparecencia última en el Camp Nou ahonda más el abismo que los separa.

El abismo es indudablemente hondo y ancho, tremendo, casi imposible de superar si no fuese porque ya hubo en este curso algún equipo que supo superarlo. El Mallorca supo rescatar un punto frente a los dos gigantes mientras que el Hércules cantó bingo en el Camp Nou y rozó la proeza en el Rico Pérez ante el Realísimo, lo que debe significar que hay formas de complicarles la vida a ambos. No digo ya que el triunfo esté a mano, que no es eso, pero de ahí a salir pidiendo autógrafos hay un impresionante abanico de posibilidades. De hecho ya demostró David tiempo ha que ni siquiera Goliath era invencible y eso que una honda era su único armamento.

Estamos en una temporada en que va a crecer el miedo a que esto sea como en una Escocia en la que hasta el Aberdeen, que le ganó una Recopa al Madrid de los García, cae goleado con estrépito por uno de los dos grandes. Dice Míchel que algunos técnicos ayudan a que esto se dispare hacia una insoportable dualidad, conque, señores técnicos conniventes, pónganse las pilas y traten de hacerle desagradable la vida al gigante de turno. No creo que haya que llegar a poner la cancha imposible mediante hoyos o riego ni, como Maguregui, colgar al equipo del larguero, pero ya que uno ha confesado su posible culpa traten de que la vida no sea tan sonriente con el gigante.

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