Opinión

Alfredo Sánchez Monteseirín

Solvencia, fusiones y territorio

DURANTE más de dos décadas he sido testigo directo, y a veces excepcional, de la extraordinaria evolución, no exenta de tensiones de todo tipo, de las cajas de ahorros de Andalucía. Vinculadas en su fundación o, en su origen, muchas de ellas a los ayuntamientos y diputaciones, hoy representan un elemento central del músculo financiero de Andalucía. Las actitudes de la mayoría de los responsables municipales, frente al corporativismo de los menos, y la generosidad de las instituciones locales democráticas hicieron posible la modernización de estas entidades financieras. La entrada de las instituciones autonómicas en los consejos de administración fue precedida o acompañada, según los casos, de fusiones que llevaron al ámbito supralocal la toma de decisiones, con el consenso entre los partidos parlamentarios como instrumento para aplicarlas.

He vivido muy de cerca todo este apasionante proceso de adaptación de las cajas de ahorros al modelo político y económico del Estado de las Autonomías que la democracia nos trajo y que ha ido empapando toda la sociedad española. Es hora, de nuevo, de impulsar estos instrumentos principales de nuestra economía para que puedan alcanzar sus fines de siempre en las realidades del hoy y, sobre todo, del futuro de nuestras cajas de ahorros.

Desde mi larga -¡y sobre todo intensa!- experiencia creo que puedo dar una opinión fundada sobre ese futuro que, debido a la crisis financiera global, parte de un presente en el que las cajas de ahorros han tenido restricciones en el acceso a los mercados de capitales, aun cuando las entidades financieras españolas y andaluzas, como se sabe, hayan resistido de forma notable a la crisis financiera global.

Pero si persistieran las restricciones de liquidez y sus consecuencias, es muy probable que algunas de ellas se puedan encontrar con dificultades. Por esas razones las autoridades de supervisión y regulación nacionales e internacionales, como por ejemplo el gobernador del Banco de España o el presidente del Banco Central Europeo, están recomendando procesos de reestructuración del sector financiero, fundamentalmente a través de formulas de integración, con el fin de incrementar la fortaleza y solvencia de las entidades de crédito. En el plazo de un año, o menos, la morosidad irá agotando las provisiones y las cuentas castigarán a los que no estén sobrados de solvencia. Y las fusiones, dicen los expertos bancarios, son un camino para recuperarla.

Es evidente que, con esas premisas, el futuro del sistema financiero andaluz en los dos próximos años debe dirigirse hacia una concentración, en principio en clave andaluza, para lograr que nuestras cajas sean lo más grandes posibles porque, en este sector, cuanto más tamaño, más presencia y más capacidad de actuar en el mercado.

Pero no se trata solamente de abordar procesos de fusión. Existen otras fórmulas, igualmente válidas para conseguir los objetivos marcados, que permiten a las entidades materializar entre ellas alianzas estratégicas, de forma que puedan estar preparadas para afrontar los nuevos retos. Las cajas de ahorros de Andalucía deberán reflexionar sobre cuál es su previsible evolución y, a partir de ahí, posicionarse sobre el camino que deben seguir con la máxima seguridad para bien de los clientes. Es exigible, en cualquier caso, que lo hagan no sólo pensando en sus intereses parciales sino buscando aumentar la musculatura financiera de Andalucía.

Los órganos de administración de nuestras entidades no pueden permanecer pasivos ante esta situación sino que, por el contrario, están obligados a ejercer sus responsabilidades y tomar decisiones audaces de gobierno que se basen en razones económicas y financieras que se encuadren bajo una premisa fundamental: el fortalecimiento y consolidación del sistema financiero andaluz. Los administradores y directivos actuales de las cajas de Andalucía no deben olvidar que, si hoy lo son, es como consecuencia de un modelo que ha ido superando, por la visión generosa de sus antecesores, muchos corporativismos locales que, ahora, no pueden reproducirse a otro nivel.

Avanzar hacia el horizonte de la creación de una gran caja de ahorros andaluza, mediante fusiones o alianzas estratégicas, haría más sólida la posición de Andalucía a la hora de desarrollar una hoja de ruta que se extienda más allá de nuestros límites como comunidad autónoma. Eso sí, siguiendo, a todos los niveles y siempre, el sabio criterio de que "el territorio no es el elemento que garantiza la solvencias: si las cajas no tienen solvencia, mal negocio hacemos y poco ayudarán al territorio".

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