Doble fondo

Roberto Pareja

El Soprano va a cantar

AQUÍ no hay respeto a las canas que valga con el sosias de Al Capone, ese célebre delincuente de aire dadivoso que nos dejó perlas coruscantes. "El bolchevismo está llamando a nuestras puertas, no podemos darle el lujo de dejarle entrar... Tenemos que mantener a Estados Unidos seguro y virgen". Ese preclaro rey del hampa que se hizo de oro con el contrabando de alcohol era popular en Chicago al abastecer de alcohol a los bares clandestinos durante la ley seca y pasaba por hombre caritativo y hasta honorable: corría con los gastos de un comedor gratuito para los desempleados y celebraba fiestas para los pobres.

Las comparaciones son tan inevitables como odiosas: Jordi Pujol no ha matado a nadie y el único tiro que ha pegado ha sido a su propio pie al admitir su condición de defraudador mayor del reino. Y no tiene aversión al socialismo sino a España. Particularmente a la del sur. Su definición del hombre andaluz como "destruido y anárquico" se le ha vuelto como saliva al que escupe hacia arriba.

Su ojeriza se ha desbocado al compás del escándalo que ha montado al desnudar sus vergüenzas fiscales. Un fiasco monumental para los que desconocían -o no querían ver vista gorda mediante- sus tropelías (el caso Banca Catalana ya dio pistas, que años después manoteó Maragall con su 3%), que han arruinado su imagen de hombre de Estado para trocarla en ave rapaz, una especie de buitre que sobrevuela entre olor a dinero podrido sobre el ensueño soberanista de su hijo político, decidido a hacer de la estelada la estrellada.

Su padrino amenaza ahora con poner el ventilador y esparcir su mierda. "Tengo más cosas que decir", rezonga. El Soprano catalán (Tony, el de la mítica serie, al menos tenía gracia y generaba empatía ) va a cantar. Puede echarse a temblar más de uno. De los nuestros y de los otros, como diría aquel.

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