La lluvia en Sevilla

Special colours

El ingenio de Sevilla tiene una gran capacidad para intervenir y resignificar sus propios símbolos

Sevilla ha sabido consolidar y marcar como días señalaítos los 30 que dura el Mes de la Diversidad. No es ninguna tontería, en vista de los vientos homófobos que soplan desde Hungría y del rechazo de la UEFA a iluminar el estadio de Múnich con los colores del arcoíris. (Ojito a las razones que dio la liga Europea: que es una organización tan "política y religiosamente neutral" que dejar clara su defensa de los valores europeos -establecidos en el artículo 21 de la Carta de Derechos fundamentales- les da cosa). "En la historia, no podemos permitirnos echar ni una siesta", me decía hace poco el poeta y queerÁngelo Néstore mientras paseábamos tranquilamente por la malagueña calle Larios. Iba yo a responderle que gloria paél, que santa palabra, que ningún derecho está conquistado para siempre, cuando un individuo de traje y copa de balón sentado junto a otros en un velador, insultó a Ángelo gruesamente, a grandes voces y carcajadas. Al punto, me acordé de aquellos gritos de "¡Mariquita, mariquita!", que unos falangistas lanzaron en el teatro a Miguel de Molina. "Marica no, ¡maricón! -les rechistó el artista-, que suena a bóveda".

Pero ya les he dado por hoy, con esto que les cuento, bastante berrinche; ahora viene el festejo: qué maravilla de cartel el de este año. Ya nos lo describía aquí antier González-Cotta. Sevilla has special colours es un hito en la pericia de ciertos cráneos privilegiados de esta ciudad en recalcular la gracia y resignificar los símbolos. El alma de Sevilla tiene una alta capacidad para generar sus iconos, himnos, mitos, símbolos (casi casi en plan sagrado) y para intervenirlos a continuación sin que ello resulte a nadie -o a casi nadie- una profanación, sino algo entrañable y divertido con lo que nos volvemos a identificar. Las alusiones del cartel del Orgullo 2021 al Curro de la Expo, a la estética del 92 -que es algo así como una paradójica posmodernidad retro- y a la canción de Los del Río nos ubica, con peligrosa nostalgia, en un momento de la ciudad en el que se producía una apertura (y también una contestación contracultural a su forma de realizarla); nítidamente marcada por una estética.

Hoy, a pesar de los pesares, la identidad y los vínculos de cada cual se manifiestan mucho más libremente, y no es extraño ver por la calle a gentes que pasan de los rigores del género, o a jóvenes parejas de lesbianas, bastante más invisibles hasta hace poco que las parejas de gays. Queda mucho por andar, e incluso existen riesgos de retroceso. Me alegro de vivir en una ciudad que proclama su defensa del derecho que tenemos todos y cualquiera de ser, amar y poder vivir en paz y en respeto nuestra identidad y orientación sexual, sea ésta cual sea. Por menos hay quienes, hoy día, siguen siendo perseguidas, apaelados, negados, asesinadas.

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