La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

De Suecia a Sevilla

Sevilla está muy cerca de Suecia: alarma social relativizada por las autoridades, odio, miedo…

Ayer escribía el compañero Fernando Pérez Ávila: "Alarma social en la Macarena por una campaña de odio con perfiles falsos. La Policía Local detecta hasta 70 cuentas creadas en una sola tarde para lanzar mensajes contra las personas sin hogar en la Macarena y contra los robos en Pino Montano. Los vecinos de ambas zonas han denunciado en las últimas semanas un incremento de la inseguridad ciudadana, que ha motivado una mayor presencia policial. Sin embargo, el Consistorio asegura que tal percepción no se corresponde con los datos objetivos de criminalidad". Y los lectores comentaban: "¿Mensajes de odio? La gente no suele protestar gratuitamente, que se vayan a vivir allí estos políticos que son tan tolerantes, a ver si después de 6 meses allí viviendo siguen pensando lo mismo"; "Meter miedo no es la solución... Y esconder la cabeza debajo de ala, tampoco"; "En Suecia la xenofobia ha triunfado. Ya son la segunda fuerza política. No creo que sean de extrema derecha. La gente tiene miedo a los islamistas y a los ilegales que inundan Sevilla. Cerrar los ojos a esto es una locura y a la postre no vale para nada…".

También ayer escribía en El País el historiador Anthony Beevor: "Ni siquiera una sociedad tan progresista como la de Suecia es inmune al odio y a la intolerancia. Tal vez algún politólogo dé con una fórmula para conocer la relación entre los niveles de inmigración y el ascenso del populismo nacionalista. Suecia, desde luego, tiene el mayor número de inmigrantes por habitante de Europa (…) En toda Europa existen ya partidos nacionalistas extremistas que explotan las contradicciones de unos Gobiernos que aspiran en vano a la integración y, al mismo tiempo, permiten una política de multiculturalismo. (…) Ha quedado claro que la idea de que las ideas humanitarias y progresistas tienen que acabar venciendo es de un optimismo imposible. (…) Las democracias occidentales se han vuelto cada vez más vulnerables a todos los grupos de presión imaginables. (…) Los manifestantes de extrema derecha pueden ser racistas declarados o simplemente personas asustadas e indignadas por la desconcertante velocidad de los cambios. A eso se une una revuelta contra el multiculturalismo y la corrección política, que se convierte en un deseo de utilizar el lenguaje de odio para crear conmoción e incluso cuestionar los tabúes contra el antisemitismo y el racismo". Saquen conclusiones.

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