Agustín Ruiz Robledo

Superhéroes

El caballero oscuro, la nueva película de Batman, ha triunfado en 2008 en todas las pantallas del mundo, sin duda, espoleada por una crisis que invita a la evasión y la búsqueda de héroes -aunque sean de ficción- para enfrentarse a una situación que parece no tener precedentes hasta 1874. En el mundo real, Obama es el nuevo héroe en el que la mitad de la humanidad ha puesto sus esperanzas para salir del atolladero político, social y económico en el que el peor presidente de Estados Unidos y una pandilla ejecutivos sin escrúpulos nos han metido. En España, a falta de héroes políticos, 2008 nos ha traído un puñado de héroes deportivos y en el plano social, un comportamiento cívico nos ha conmovido: la intervención del profesor Jesús Neira para defender a una mujer que estaba siendo agredida por su pareja en una calle de Majadahonda. Es imposible seguirle la pista a los reconocimientos que ha recibido por esa acción, que casi le cuesta la vida: el apoyo de la ministra de Igualdad, la Medalla del Senado, una mención especial de los Premios Derechos Humanos 2008, etcétera.

Sin embargo, en nuestra Andalucía Imparable las cosas se ven de otra manera, al menos por las autoridades. Así, la directora general de Violencia de Género (sic, compárese con un cargo similar en el Gobierno central, la Delegación especial del Gobierno contra la violencia sobre la mujer) afirma: "Me merece un respeto absoluto ese hombre, pero necesitamos gente comprometida que nos ayude sin poner en peligro su vida, no superhéroes. Pueden llamar al 112, como unos chicos de Linares".

La frase es verdaderamente redonda. Para empezar, es un consejo que nos acerca a Europa, pues ya está bien de evidenciar nuestro fogoso carácter latino para intentar acabar con las agresiones a las mujeres personalmente. El caso Neira lo demuestra de forma palmaria, pero seguro que todos podemos recordar algunos otros, como el de Salvador Allende, que en un mitin electoral no tuvo otra ocurrencia que bajarse del estrado para ayudar a una mujer que estaba siendo agredida por su esposo, con el doloroso resultado de perder dos votos. Es mucho mejor actuar como los civilizados suecos, que hace un par de años vieron una violación en el Metro de Estocolmo y llamaron a la Policía, que llegó justo a tiempo de que la víctima le indicara por donde había huido el violador.

Saltando de la anécdota a la categoría, creo que la frase de la directora general refleja una mentalidad protectora que está convencida de que la eficaz Junta de Andalucía puede hacer las cosas mucho mejor que los anárquicos andaluces; de tal forma que se hace difícil encontrar un sector de la vida social de Andalucía que no esté ahora más intervenido por los poderes públicos que hace quince años. Desde la cultura (trufada de iniciativas y subvenciones públicas) hasta el comercio; desde la concesión de frecuencias de radio hasta la apertura de farmacias. La Junta no descansa, siempre a la vanguardia, sea en 2007 para firmar un faraónico pacto por la vivienda, sea en 2008 para crear el programa Proteja que acabará con el paro. Y que se atreva a intervenir menos: el inefable Arenas rápidamente la acusará de estar de brazos cruzados. Bertold Brech decía, en una frase que ha recordado esta misma semana Felipe Alcaraz-: "Desgraciado el país que necesita héroes". Por mi cuenta, añado que tampoco ayuda demasiado a la felicidad colectiva la creencia en una omnipotente Administración pública salvadora de todo un pueblo.

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