josé / aguilar

Susana en la capital

LA presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz -a la que ya mismo habrá que dejar de llamar "la nueva presidenta de la Junta de Andalucía"-, saltó ayer a la palestra nacional en uno de esos foros de la capital de España a los que se atribuye carácter de escaparate y tribuna privilegiada.

Lo hizo asumiendo la portavocía, no expresamente autorizada pero sí materialmente legitimada -es la socialista con más poder de España-, de un amplio sector del PSOE dispuesto a la autocrítica del último periodo de gobernación del partido, con un doble cometido: explicación necesaria del origen de la debilidad actual y catarsis imprescindible para construir un futuro ajeno a los errores del pasado.

De este modo, Susana Díaz se salió del guión de la Ejecutiva federal del PSOE sobre la marea soberanista en Cataluña. Admitió que parte de la responsabilidad en el conflicto corresponde al Gobierno de Artur Mas, ansioso de desviar la atención de sus recortes e incompetencias, y atribuyó otra parte -de oficio, podríamos decir- al Gobierno Rajoy que recurrió ante el Constitucional el Estatut de 2006, y logró que lo descafeinaran.

La novedad fue que miró también hacia dentro: hacia el compromiso incondicional e irresponsable de Zapatero de aceptar cualquier estatuto que saliera del parlamento catalán. Y así salió lo que salió: un Estatut con numerosos artículos que desbordaban la Constitución y que el Congreso y el TC tuvieron que desmochar, con la consiguiente frustración de los nacionalistas, germen de la deriva independentista que ahora padecemos.

Esto lo dijo la presidenta andaluza en presencia de Rubalcaba, el vicepresidente de Zapatero, que no está siendo capaz de embridar a los socialistas catalanes, y del propio primer secretario del PSC, Pere Navarro, que también se llevó su ración de acíbar: "¿Decidir qué, la independencia de Cataluña? Ese derecho no existe. No existe el derecho a que una parte de los ciudadanos decidan por todos", afirmó.

Para completar la enmienda al zapaterismo -en este caso, en su triunfalismo autista sobre la crisis-, Susana Díaz alertó en teoría a Rajoy ante sus anuncios de recuperación económica, pero en la práctica volvió la mirada crítica de nuevo hacia su partido. "Ya nos hemos olvidado del efecto demoledor de anunciar brotes verdes en la antesala de otra recesión". Y también Elena Salgado andaba por allí.

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