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La desaparición de TVE no es una buena noticia, porque menos TVE es también menos España

Al llegar el verano finaliza la temporada televisiva, se hace balance del curso y los analistas resaltan lo más relevante. Sin duda, la noticia más importante ha sido el cambio en el liderazgo de las audiencias, donde Antena 3 ha sustituido a Telecinco, que llevaba más de un lustro siendo la más vista. El equipo liderado por Planeta lleva años apostando por un modelo amplio y abierto, invirtiendo en ser algo más que un canal de televisión y ha sabido construir un grupo en el que siempre hay de todo y para todos. Enhorabuena por un trabajo muy bien hecho. Respecto a su principal oponente, su modelo continúa siendo el más rentable, lidera en el target comercial y, aunque necesita una puesta al día en fondo y forma, mantiene viva su competitividad. El partido continúa. Pero a quien no se le espera es a TVE.

Hay un dato que merecería la atención del CIS y de Tezanos. Año tras año, mientras que el desapego de la población crece respecto a la cadena pública nacional; la audiencia de los informativos de las televisiones autonómicas crece y en muchos casos lideran en sus territorios. En Cataluña, Euskadi, Andalucía, Castilla, Aragón o Galicia cada vez hay más ciudadanos que se informan por sus medios autonómicos y menos por la cadena que se define como la "española". Podría concluirse que como si fuera un gota a gota, lento pero imparable, el sentimiento y el interés autonómico aumenta, mientras que "lo nacional" disminuye. Un alarmista concluiría, que es otro síntoma más de lo que algunos definen como un evidente proceso desintegrador. No es así. Recordemos que es gracias a la España de las autonomías que somos cada vez más andaluces, vascos o valencianos. Pero el caso es que TVE cada vez interesa menos.

Se puede argumentar sin miedo a equivocarse que, por lo general, los contenidos de TVE no son peores que los de sus competidores. No tanto como muestran las audiencias. Pero algo falla. Puede ser la promoción o las consecuencias de que se la identifique como gubernamental, algo que a menudo es producto más de intereses partidistas que real. TVE aún mantiene su atractivo cuando ofrece eventos que nos unen: Eurovisión, el deporte de élite o la Lotería de Navidad. Pero ha perdido las campanadas (en favor de la inteligente Antena 3) y el liderazgo informativo, en ficción y entretenimiento. Es cierto que sus funciones cada vez están más cubiertas por la amplitud y el buen hacer de la oferta privada, pero la desaparición de TVE no es una buena noticia, porque menos TVE es también menos España.

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